Capítulo decimoséptimo
A partir de aquel día, María siguió manteniendo su relación de esclava 24/7, situación que compartía con su hija Laura siempre que su exmarido se hacía cargo de su hija Aminda, lo que empezó a suceder cada vez con más frecuencia desde entonces, de forma que su adiestramiento como esclava se iba desarrollando según lo previsto por su Amo.
Cuando Laura podía disponer de las noches para quedarse con su Amo, ella y su madre dormían en la que había sido la habitación de María, de la que se había retirado la cama, de forma que debían dormir sobre unas colchonetas en el suelo, completamente desnudas y esposadas según decidiera su Amo, normalmente en posiciones relativamente incómodas que, aunque las permitían dormir, no eran muy aptas para que sus cuerpos descansaran y se repusieran…
Por la mañana debían despertarse antes que Él, prepararle el desayuno y llevárselo a su habitación, despertándole con una mamada hasta que Él se corriera en su boca, debiendo tragarse toda la leche sin que se derramara ni una gota… Cuando su Amo las dejaba para irse a dormir, ninguna de las dos sabía a cuál le correspondería cumplir esas funciones a la mañana siguiente, pero, al despertarse, sólo una de ellas encontraba a mano y accesible la llave que abría sus esposas, debiendo liberarse y cumplir sus tareas en tanto que la otra debía esperar, esposada y desnuda, a que su Amo decidiera qué hacer con ella
En una ocasión, y durante todo un fin de semana en que Aminda estaba con su padre, María había permanecido desnuda, encadenada a la pared con una cadena de un par de metros sujeta con un candado a su collar de perra, mientras su Amo adiestraba a su hija, y sólo la pudo ver cada vez que, con todo el cuerpo marcado y exhausta por los abusos, Laura venía a traerle la comida en un cuenco para perros, debiendo beber de un ingenioso sistema ideado por su Amo, que había conectado un depósito de agua a un grueso consolador que María había de felar si quería obtener agua. La cadena le permitía una mínima capacidad de movimientos, y el baño quedaba fuera de sus límites, por lo que la gorda esclava se veía obligada a hacer sus necesidades en un cajón con arena para gatos…
Una semana después, a primera hora de la tarde, Laura se presentó en la portería y, siguiendo instrucciones de su nuevo Amo, dejó a Aminda en casa de sus padres, a cargo de su abuelo, ya que sabía que no encontraría allí a su madre, antes de subir al ático de su Amo.
Cuando Laura llegó al rellano, no se sorprendió al encontrar la puerta de la vivienda abierta, ya que su Amo le había indicado que debía entrar sin llamar…
Se quedó petrificada cuando entró al salón y se encontró a un par de hombres de color cómodamente sentados en sendos sillones mientras su propia madre, completamente desnuda, con las piernas separadas y las manos detrás de la cabeza, se sometía a la inspección de un tercer hombre negro, sabiendo que, en cuestión de segundos, ella estaría en la misma situación, desnuda y sometida a los tocamientos de…, - en ese momento, el hombretón negro cuya mano se perdía entre las piernas separadas de su madre comenzó a girarse hacia Laura -, de…, - finalmente, con un fuerte azote en las gordas nalgas de María, el hombretón dio por concluida la inspección del desnudo cuerpo de su madre mientras terminaba de girarse hacia Laura, con una amplia sonrisa iluminando su negra cara -, ¡de Abdel Aziz, su exmarido!.
Laura giró la cabeza en dirección a su Amo, que la estaba mirando sin mostrar interés en ella, e iba a ponerle en antecedentes de quién era Abdel Aziz cuando un ligero fruncimiento inquisitivo de sus cejas le hizo saber que él conocía perfectamente quién era Abdel Aziz, y que precisamente por ello era precisamente él quien estaba magreando las tetas de su madre y metiendo sus dedos en su encharcado coño, y quien iba a hacer lo mismo con ella en cuanto cumpliera de inmediato con su obligación como una buena esclava sexual en presencia de su Amo y se desnudara completamente para después ofrecerle su cuerpo para su placer…, incluso aunque éste fuera humillar a su esclava entregándola a los sucios toqueteos de su exmarido…
Sin dudar un solo instante más, Laura se desnudó completamente, dejando su ropa sobre una de las sillas de comedor, sabedora de que no iba a necesitarla en toda la tarde, y se colocó en posición junto a su madre, con las piernas separadas, ofreciendo su sexo, y las manos detrás de la cabeza, ofreciendo sus pechos desnudos, aunque a su Amo no le pasó desapercibido que Laura se había colocado manteniendo a el cuerpo de su propia madre entre ella misma y su exmarido…
Sin ninguna prisa, Abdel Aziz se colocó delante de ellas y comenzó a acariciarles el coño a las dos mujeres, jugando con su vello púbico, tironeándoselo con fuerza hasta hacerlas quejarse de dolor, pero, en realidad y muy a pesar de Laura, haciéndolas sentirse muy perras a ambas… Las dos comenzaban a mostrar cara de vicio, sin perder detalle de cómo aquel cabrón negro les manoseaba el coño sin ninguna delicadeza delante de los otros hombres, con las manos en la nuca entrelazando los dedos para evitar la tentación de bajarlas y mordiéndose el labio ante el placer que, sin embargo, les estaba proporcionando aquella situación…, y pronto se encontraron ambas adelantando las caderas para sentir aún más el contacto de aquellos dedos que invadían sus coños empapados de flujos vaginales como dos vulgares putas…, “¿Y no es eso lo que somos?”, pensó Laura, mientras los expertos dedos de Abdel Aziz las ponían tan cachondas y excitadas que madre e hija estaban a punto de correrse…
Dándose cuenta de ello, su Amo les gritó: “!LA QUE SE CORRA SIN MI PERMISO SERÁ AZOTADA MUY DURAMENTE!... ¡¡ESTÁIS AVISADAS, PERRAS!!”
Laura sabía por experiencia propia que su exmarido era capaz de hacer que se corrieran cuando él quisiera, pero, ignorante de que su madre ya había sido follada por Abdel Aziz en el prostíbulo y sabía a qué se enfrentaba, intentó rozar su cuerpo con el de su madre para ponerla sobreaviso…
Separándose de ellas, Abdel Aziz, envalentonado por la actitud permisiva de su Amo, las abofeteó a ambas con fuerza mientras les gritaba: “!QUÉ PERRAS SOIS LAS DOS!... ¡TENÉIS EL COÑO CHORREANDO, PUTAS VICIOSAS!... ¡ESTÁIS DESEANDO QUE VUESTRO AMO OS DÉ PERMISO PARA CORREROS, GUARRAS!”
Entonces Abdel Aziz se movió hasta colocarse a su espalda. Laura no podía verle, pero sabía que estaba detrás de ella y podía sentir su lascivia al saberla a su merced, y no pudo evitar estremecerse cuando sintió cómo le recorría el cuerpo con la punta de sus dedos, bajando desde la nuca por la espalda hasta llegar a sus desnudas nalgas, recreándose con los esfuerzos de la pobre chica por complacer a su Amo, soportando estoicamente sin moverse los tocamientos de su exmarido… Pero el autocontrol de Laura fue puesto a prueba cuando Abdel Aziz introdujo su mano entre sus nalgas, tanteando su ano con las yemas de los dedos, y la chica no pudo evitar estremecerse…
Como el de su propia madre hasta hacía muy poco tiempo, el culo de Laura era virgen… Nunca le había permitido a ninguno de sus novios que la penetrara analmente y ni tan siquiera al propio Abdel Aziz mientras era su marido, y ahora estaba allí, en la casa de un hombre desconocido para ella hasta hacia una semana y al que ahora debía considerar como su Amo, completamente desnuda delante de unos completos extraños, al lado de su propia madre, tan desnuda y expuesta como ella misma, mientras sentía cómo el dedo de su exmarido exploraba la entrada de su ano virgen, forzando su esfínter hasta introducírselo hasta la primera falange… La humillada Laura no pudo evitar sonrojarse al plantearse qué pensaría su familia si pudieran verlas a su madre y a ella en aquella situación tan comprometida…, y la tarde sólo había comenzado para ellas…
"Este cabrón es tan repulsivo…", pensó Laura. "Lo odio y odio lo que me está haciendo… Lo odio y odio lo que me está haciendo… Lo odio y odio lo que me está haciendo…", se repitió mentalmente como un mantra mientras mantenía sus ojos cerrados y trataba de mantener su mente enfocada en cuanto detestaba a su exmarido y lo repulsivo que era por hacerle aquello a ella, la madre de su hija.
De pronto, otro pensamiento cruzó la mente de la chica… ¿Y eso en qué la convertía a ella misma?... Su madre, al menos inicialmente, había sido coaccionada para someterse a su Amo, pero ella misma no tenía excusa para ello…, ella se había entregado a él voluntariamente, y ahora mismo estaba entregándole su cuerpo para que permitiera que su exmarido y sus dos amigotes la usaran como un juguete sexual… ¿Eso no significaba que ella era tan pervertida como Abdel Aziz?...
Alejandro, siempre atento, observó cómo las mejillas de la chica se encendían mientras contemplaba cómo su exmarido le introducía aún más el dedo en el ano, casi obligándola a ponerse de puntillas sobre los dedos de los pies y pudo adivinar sus pensamientos… Por María él ya sabía que el culo de Laura era virgen aún, y también sabía que dejaría de serlo aquella misma tarde… Sólo le quedaba por decidir si se lo desvirgaría él mismo o permitiría que Abdel Aziz la “inaugurara”, pero sí era seguro que las pollas de los tres negros penetrarían aquel estrecho agujero antes de que la sesión concluyera, y sería de la forma en que hiciera que la chica se sintiera lo más humillada y vejada posible, de forma que su voluntad se rompiera definitivamente, como había ocurrido con su madre al ser forzada a someterse a una sesión de adiestramiento por parte del cornudo de su marido, y se convirtiera en una esclava tan entregada y sumisa como María…
“¡Esclava!”, le gritó
“¿Sí, mi Amo?”
“¿Cómo es posible que un macho te esté metiendo su dedo por el culo y tú no le facilites la tarea separándote las nalgas para él?”
“Amo, yo…”
“¡¡QUE TE ABRAS EL CULO, ESTÚPIDA!!”
La pobre Laura, casi al borde del llanto, sintió cómo el pie descalzo de su madre rozaba el suyo, pero no sabía si su intención era darle ánimos o conminarla a obedecer a su Amo…
Fuera como fuese, se obligó a si misma a bajar las manos hasta sus nalgas para luego agarrárselas con ambas manos y separárselas ampliamente, dejando su ano completamente expuesto a los manejos digitales del macho negro…
Después de unos cinco minutos, Alejandro decidió que era hora de cambiar de tercio…
“¡Laura, coge unas esposas de encima de la mesa y esposa las muñecas de tu madre a la espalda!”.
La chica, aliviada al poder escapar del dedo invasor, corrió literalmente a cumplir la orden de su Amo y procedió a esposar las muñecas de su madre a la espalda.
“¡Tú, María, al suelo con las piernas bien abiertas!”, ordenó Alejandro entonces.
Mientras la sumisa gorda cumplía trabajosamente la orden de su Amo, ya que, con las manos esposadas a la espalda, corría el riesgo de caer con todo su enorme peso al suelo mientras lo hacía, su Amo bramó otra orden.
“¡Laura, a cuatro patas, mete tu cara entre las piernas de esa vaca y cómele el coño hasta que consigas que se corra sin usar las manos!. ¡Tienes cinco minutos o serás castigada!... ¡Y tú, vaca estúpida, recuerda que tus instrucciones siguen siendo válidas o serás tú quien reciba el castigo!. ¡¿Habéis entendido, perras?!”
“¡Sí, Amo!”, respondieron ambas mujeres al unísono, y Laura se colocó a cuatro patas entre las piernas de su madre, enterrando su cara en su entrepierna para buscar su coño con la boca, chupando y mordisqueando su clítoris como una posesa, ansiosa por conseguir el orgasmo de su madre y así evitar el castigo.
Sin embargo, lo que Laura no sabía era que las instrucciones que su madre había recibido de su Amo antes de que ella llegara incluían la prohibición absoluta de correrse, por lo que aquello se convirtió pronto en una titánica lucha de voluntades, la de Laura por arrancarle un orgasmo a su madre y la de ésta por evitarlo, por más que la boca de su hija entre sus piernas le estaba procurando tanto placer que la pobre María no podía evitar que de su boca se escaparan unos sonoros gemidos de placer que provocaron las lascivas sonrisas de los cuatro hombres que contemplaban el espectáculo lésbico que les proporcionaban madre e hija…
En un momento dado, Abdel Aziz se acercó a la mesa y cogió un par de antifaces, pero Alejandro le detuvo: “No, nada de antifaces por ahora. Quiero que esta vaca estúpida vea cómo por su causa su hija se ha convertido en una puta perra que le está comiendo el coño hasta que se corra en su boca y que la ternerita pueda ver la cara de placer de su madre mientras lo hace y el coño de su madre le chorrea en la cara…”
Cuando los gemidos de placer de María empezaron a oírse claramente y el olor a hembra en celo inundó la habitación, Alejandro vio cómo los dos hombres negros que estaban sentados comenzaban a tocarse el enorme bulto que lucían sus pantalones y cómo Abdel Aziz se deleitaba contemplando con una lascivia apenas contenida el culo en pompa de su exmujer, quien, a cuatro patas y con su boca enterrada en la entrepierna de su madre, deslizaba su boca de arriba abajo por todo su coño, babeándolo, mientras intentaba capturar con sus labios el clítoris de su compañera… María era una experta en el arte de la felación y hacía unas mamadas de campeonato, pero su hija no se quedaba atrás en lo referente a comer coños, y resultaba obvio que el de su madre no era el primero que se comía… De seguir así, su madre tendría serios problemas en obedecer las órdenes de su Amo y no llegar a correrse… En aquel momento, de forma inconsciente, pugnaba con las esposas que le mantenían encadenadas las manos a la espalda, y Alejandro sabía que, de tenerlas libres, comenzaría a magrearse las tetas o agarraría la cabeza de su hija para enterrarla aún más entre sus piernas, pero sus limitaciones hacían que sólo pudiera levantar las caderas en un intento de facilitar el acceso de la lengua de su hija a su vagina.
Entonces Alejandro tomó su decisión… Dejaría que Abdel Aziz desvirgara el culo de su exesposa, tratándola como una puta para humillar a la avergonzada chica, y él se reservaría para el momento cumbre, usando para quebrar su ánimo definitivamente el mismo truco que había empleado con su madre… Iba a permitir que su odiado exmarido la sometiera a una sesión de adiestramiento conjunta con su madre…, con su propio padre como espectador, y así, además, terminaría de hundir la estima del cornudo, que vería cómo su mujer y su hija se habían convertido en meros objetos sexuales para el placer de su Amo…
Pero para que su plan tuviera éxito y los efectos en el ánimo de Laura fueran definitivos primero tenía que darle algo que luego le arrebataría cruelmente, y eso era la esperanza de salir bien librada de aquella situación, y para ello tenía que hacer que María desobedeciera su orden y se corriera en la boca de su hija…, pero aún no era el momento.
Les hizo una seña a los dos hombres que permanecían sentados, y estos no tardaron en desnudarse completamente, mostrando unas enormes erecciones, y acercarse donde se encontraban ambas mujeres.
Uno de ellos se arrodilló junto a la cabeza de María y la obligó a meterse su gruesa tranca negra en la boca mientras comenzaba a pellizcarle cruelmente los pezones, consiguiendo que gimiera de dolor antes de que él la silenciara metiéndole aún más su miembro en la boca, sin que ella pudiera impedírselo al tener las manos esposadas a su espalda, y, sujetándola por la cabeza, comenzó a follarle literalmente la boca mientras la gorda se atragantaba y tenía arcadas por lo dentro que le llegaba.
Mientras tanto el otro se acercó a la mesa y cogió una fusta de cuero, comenzando a azotar con saña los desnudos cuerpos de ambas esclavas, cada fustazo dejando marcada una línea roja en sus blancas carnes...
Determinado al ver cómo su plan se iba cumpliendo, Alejandro se dirigió a la cocina y seleccionó en el frigorífico una zanahoria de buen tamaño para luego volver al salón, donde pudo comprobar que los dos negros seguían usando los cuerpos de sus esclavas, obviamente deseosos de poder lanzarse sobre aquellas dos hembras y enterrárselas profundamente en todos sus agujeros…
Pronto llegaría ese momento, pero, mientras tanto, Alejandro se dirigió a Laura, obligándola a incorporarse ligeramente para atender a su Amo… La cara de la chica estaba llena de sus propias babas y de los flujos vaginales que brotaban del coño de su madre y que también eran visibles entre las piernas obscenamente abiertas de ésta, que mantuvo los ojos cerrados mientras intentaba aprovechar aquel descanso para rebajar su grado de suma excitación y poder cumplir con la orden de su Amo… “Buena perra”, pensó él.
Alejandro le entregó la zanahoria a la expectante Laura mientras le ordenaba
“Úsala en el culo de esa vaca mientras le comes el coño”
Laura, sorprendida, miró la zanahoria por un segundo y luego dirigió la mirada hacia la entrepierna de su madre, pero cualquier duda que pudiera tener desapareció en un segundo y, cogiendo la gruesa hortaliza de manos de su Amo, volvió a acercar su boca a la entrepierna de su madre, retomando la comida de coño que venía haciéndole cuando había sido interrumpida por su Amo, mientras sus manos se deslizaban por debajo de las nalgas de María para abrirle el culo e introducirle la zanahoria por el sonrosado ano.
Cuando María sintió cómo la fría zanahoria penetraba su esfínter no pudo evitar un jadeo involuntario. El breve descanso la había ayudado a disminuir su nivel de excitación, pero sentir cómo la boca de su hija se deslizaba una vez más por su coño y cómo sus dientes mordisqueaban su clítoris mientras su culo era penetrado por la zanahoria fue demasiado para ella y, tras poco más de un minuto sometida a aquellas estimulaciones de sus zonas íntimas, no pudo evitar correrse entre gemidos y gruñidos de placer mientras de su coño brotaba una ingente cantidad de flujos vaginales en un abundantísimo squirt que empapó la cara y el pelo de su hija de fluidos vaginales… Alejandro observó la sorpresa en la cara de los tres negros que contemplaban la escena, pero él no se sorprendió, ya que sabía que María, cumpliendo sus instrucciones, llevaba una semana sin poder experimentar un orgasmo a pesar de haberla mantenido sexualmente excitada casi de forma permanente…
Cuando remitieron los estertores del cuerpo de la gorda madura después del impresionante orgasmo que había experimentado, su hija sacó la cabeza de entre sus piernas e, incorporándose hasta quedarse de rodillas, volvió su cara hacia su Amo, pendiente de su siguiente orden e intentando ignorar a su exmarido, que admiraba su cara, llena de sus propias babas y de los flujos vaginales de su madre…
“Creo que te gustan las zanahorias, esclava”, le dijo su Amo… “Sácasela a esa perra desobediente del culo y cómetela”.
Por un ínfimo instante, Laura dudó, mirando la hortaliza, que se encontraba prácticamente metida en toda su longitud en el culo de su madre…
“¡¡No me has oído, puta esclava!!... ¡¡¡CÓMETELA AHORA MISMO!!!”
Moviéndose como un resorte, la mano de Laura sacó la zanahoria del culo de su madre y la llevó a su boca, mordiéndola con fuerza mientras su cara mostraba un leve gesto de asco ante el ligero olor a mierda del culo de su compañera, pero no paró hasta habérsela comido entera.
En cuanto Laura se terminó de comer la zanahoria, su exmarido se acercó a donde se encontraba arrodillada, se inclinó sobre ella y le agarró la cara fuertemente con una de sus enormes manazas, obligándola a mirarle a los ojos…, y entonces, con una voz que manifestaba un intenso sentimiento de desprecio hacia ella, le dijo, “No soy tu Amo, pero hoy seré tu Señor… Tú, sin embargo, no tienes nombre, no eres nadie, sólo eres una perra, una puerca, ¿lo has comprendido?... No eres más que un animal... Una mascota que tu Amo ha acogido y por lo que le tendrías que estar muy, muy agradecida... Lo estás, ¿verdad, cerdita?. Y por eso vas a cumplir todos sus deseos porque estás agradecida de que él pierda su valioso tiempo ocupándose de un sucio animal como tú, ¿no es así?”.
Laura asintió antes de contestar como se esperaba de una sumisa obediente
“Sí, Señor…, sí, Amo, gracias por acoger a esta sucia perra”
“Bien, puta… ¿Quieres besar la polla de tu Señor antes de que te rompa el culo?”, le preguntó…
Laura no respondió, pero una lágrima resbaló por su mejilla mientras sus ojos buscaban a su Amo, pero la mirada dura de éste la hizo comprender que no podría encontrar piedad en él.
En ese momento, uno de los amigos de Abdel Aziz trajo un collar de perro y una cadena y se los puso, obligándola a colocarse a cuatro patas, sujetando el extremo libre de la cadena a una de las patas del sofá de forma que Laura se vio obligada a mantener la cabeza casi a ras del suelo y sus nalgas quedaron elevadas, a merced de Abdel Aziz.
“Ábrete el culo”, le dijo el hombre… ”Hoy no vas a poder sentarte sin acordarte de él”.
Laura gimió como un cachorrillo desvalido mientras apoyaba la cara en el suelo y llevaba sus manos atrás para abrirse las nalgas.
Entonces se oyó la voz de su Amo… “Haz que vuelva la cabeza hacía mí”
El hombretón obedeció, obligando a Laura a girar la cabeza en dirección a su Amo, a quien la chica miró con su absoluta sumisión asomando en sus ojos
“Quizás no sepas que a él le gusta meterla toda de una vez, con fuerza. Te lo romperá, te dolerá mucho y posiblemente te haga sangrar... Y mientras te rompe el culo quiero ver cada una de tus expresiones, no quiero que cierres los ojos ni que dejes de mirarme, ¿has entendido, zorra?”.
Laura asintió
“Quiero oírte, perra. ¿Has entendido?”
La pobre chica sorbió antes de responder a su Amo
“S-sí…, A-amo, he entendido”
Aunque aterrada ante lo que le esperaba, saber que la atención de su Amo iba a estar centrada en ella mientras su exmarido la desvirgaba el culo, hizo que Laura se sintiera extrañamente excitada, y más aún cuando escuchó los gemidos de su madre y por el rabillo del ojo pudo ver cómo, un poco más allá, también en el suelo, María estaba siendo doblemente penetrada por los otros dos negros sin que su Amo le prestara atención…
Entonces Abdel Aziz le pasó la polla por todo su cuerpo y Laura casi se corrió cuando la pasó por su coño.
“Está caliente la putita, ¿eh?”, le dijo él, sonriendo.
“Pídemelo, puta”, le dijo su Amo.
Laura supo perfectamente qué quería su Amo de ella, y le miró directamente antes de responder, abriéndose aún más las nalgas con ambas manos y dejando completamente expuesto su estrecho y virgen agujero
“Dígale que me folle, por favor, Amo. Dígale a mi Señor que me rompa el culo, pero que me folle ya, Amo, por favor… Por favor, Amo…, Señor…, se lo suplico... Soy su puta, una cosa, un animal, todo lo que ustedes quieran pero, por favor, úsenme…”… Y entonces, volviendo la vista hacia su exmarido, prosiguió diciendo. “Destróceme el culo…, Señor”.
“¡MUY BIEN, PUTITA BLANCA, YA QUE NO SUPISTE SER LA ESPOSA DE UN HOMBRE NEGRO, AHORA VAS A SABER QUÉ SE SIENTE SIENDO SU HEMBRA MIENTRAS SU TRANCA NEGRA FOLLA TU ASQUEROSO CULO BLANCO!”, le gritó su exmarido
Abdel Aziz se arrodilló tras ella, y Laura percibió el roce de la polla por su culo hasta que sintió cómo se la clavaba secamente en el ano de un solo golpe que se la hundió hasta los huevos, provocándole un estridente dolor por el ensanchamiento tan brutal y repentino de su ano. La sujetó por la cintura fuertemente y se puso a follarla presurosamente, sacándole toda la polla y hundiéndosela de golpe una y otra vez en su estrecho culo, hasta que el intensísimo dolor hizo que la pobre chica apretara los dientes con fuerza y cerrara los ojos, aunque enseguida recordó la orden de su Amo y volvió a abrirlos, fijando su vista en él.
“¿Te gusta, cerda?”, le preguntaba su exmarido azotándole el culo con la mano abierta. “Voy a reventarte el culo, hija de puta”, le dijo mientras volvía a azotarla con severidad, enrojeciéndole las nalgas. “Maldita guarra, toma, cabrona”.
La embestía fuerte y con rabia, atizándole palmadas en las nalgas, provocándole agudos gemidos de dolor mientras le perforaba el ano con su enorme tranca, vengándose en su cuerpo de los malos ratos que le había hecho pasar durante el juicio de divorcio.
Entonces el negro aceleró sus embestidas, asestándole con potencia y jadeando secamente, hasta que frenó de repente, evacuando leche en abundancia dentro de su culo.
Laura casi volvió a cerrar los ojos al notar cómo le circulaba su semen por sus entrañas, aún con la tremenda verga encajada en el ano, aunque permanecía inmóvil.
“¿Te ha gustado, cerda?”, le preguntó, volviendo a azotarle las nalgas. Laura sólo sorbió la saliva que le llenaba la boca y goteaba por la comisura de sus labios, sin volver la cabeza…
Laura agitó la cabeza, mirándole por encima del hombro, tratando de incorporarse para desencajar la polla, pero el hombre la mantuvo a cuatro patas plantándole las manazas sobre sus hombros, con la verga incrustada aún en el ano.
Entonces Abdel Aziz le sacó la polla del ano, se incorporó y retrocedió unos pasos, dejándola con el culo abierto para todos los espectadores. Al instante, fluyó el semen del dilatadísimo y enrojecido ano de Laura, como un manantial, mezclado con algunos goterones de sangre que resbalaban hacia el coño de la humillada chica y goteaban en el suelo del salón. Laura trató de hacer fuerza para que brotara todo lo posible, consiguiendo que un débil chorro saliera de su culo, como si fuera una pequeña meada, mientras permanecía a cuatro patas, sin atreverse a levantar la cabeza...
Entonces volvió a oírse la voz de su Amo…
“¡Tú, vaca estúpida…!... ¿Qué esperas para limpiarle la polla a tu Señor?”
Por un momento, Laura pensó que su Amo se dirigía a ella, y levantó la cabeza para mirar en su dirección, pero enseguida sintió un rápido movimiento en la dirección opuesta y, girando la cabeza, pudo ver cómo su madre, a cuatro patas y con los muslos empapados por el semen de los dos negros que rebosaba su coño y su culo extremadamente abiertos, una muestra inequívoca de que los dos negrazos se la habían follado a pelo y habían vaciado sus pollones dentro de ella, se colocaba de rodillas entre las piernas de su exyerno y, sin mostrar la más mínima vacilación, comenzó a lamer de arriba abajo la aún enorme polla del negro, para luego introducírsela completamente en la boca, sin que nada en su gesto delatara que sintiera asco por estar mamando una polla que acababa de salir del culo de su hija.
Al no poder usar las manos, que seguían esposadas a su espalda, sino sólo su boca, María no pudo evitar que el exceso de saliva resbalara de su boca y goteara hasta sus enormes tetas, que se bamboleaban y oscilaban arriba y abajo al ritmo de la mamada que le estaba haciendo a Abdel Aziz para dejar su polla limpia de los restos del desvirgamiento anal de su propia hija.
Cuando su Amo consideró que la gorda madura había terminado con su “trabajito de limpieza”, se oyó la voz de su Amo.
“¡A cuatro patas!... ¡Las dos!”, y ambas mujeres obedecieron rápidamente, aunque María tuvo más dificultades al tener aún las manos esposadas a la espalda y debía mantener su gordo cuerpo en tensión al no poder apoyar las manos.
Entonces apareció uno de los negros con dos cuencos de agua que depositó en el suelo, frente a ellas.
“Necesitáis hidrataros bien, putas… Ahora tenéis que beberos toda el agua de los cuencos..., pero, como ya no sois personas, lo tendréis que hacer como vulgares animales, a cuatro patas y sin utilizar las manos. Y será mejor que no dejéis nada ni se derrame ni una sola gota…”.
Ni la madre ni la hija se lo pensaron mucho, porque estaban realmente sedientas, y comenzaron a beber, dando lametones como verdaderas perras, pero María, dificultada por las esposas, no pudo evitar que se derramara parte del agua en el suelo.
“¡Estúpida perra de mierda!”, le gritó Abdel Aziz. “¿Ni siquiera eres capaz de beber sin ponerlo todo perdido?”
Y seguidamente comenzó a golpear a su exsuegra con una fusta que tenía, y no dejó de azotarla por los muslos, las nalgas y la espalda hasta que limpió con la lengua toda el agua derramada. Los azotes fueron tan duros, sobre todo en los muslos y en las nalgas, que las marcas tardarían en desvanecerse, y la desconsolada María no acertaba ya ni a llorar abiertamente.
Si les quedaba alguna duda, con aquella última acción de su Señor, aunque fuera de forma provisional, quedaron disipadas… A lo largo de aquella tarde iban a ser cruelmente torturadas.
Entonces se dejó oir nuevamente la voz de su Amo
“Ya está bien por ahora… ¡Preparadlas!... Cada cerdo tiene su San Martín y ha llegado el gran momento de este par de cerdas…”
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