viernes, 22 de mayo de 2026

María, mi querida perra XVIII

 Capítulo decimoséptimo 

A partir de aquel día, María siguió manteniendo su relación de esclava 24/7, situación que compartía con su hija Laura siempre que su exmarido se hacía cargo de su hija Aminda, lo que empezó a suceder cada vez con más frecuencia desde entonces, de forma que su adiestramiento como esclava se iba desarrollando según lo previsto por su Amo. 

Cuando Laura podía disponer de las noches para quedarse con su Amo, ella y su madre dormían en la que había sido la habitación de María, de la que se había retirado la cama, de forma que debían dormir sobre unas colchonetas en el suelo, completamente desnudas y esposadas según decidiera su Amo, normalmente en posiciones relativamente incómodas que, aunque las permitían dormir, no eran muy aptas para que sus cuerpos descansaran y se repusieran… 

Por la mañana debían despertarse antes que Él, prepararle el desayuno y llevárselo a su habitación, despertándole con una mamada hasta que Él se corriera en su boca, debiendo tragarse toda la leche sin que se derramara ni una gota… Cuando su Amo las dejaba para irse a dormir, ninguna de las dos sabía a cuál le correspondería cumplir esas funciones a la mañana siguiente, pero, al despertarse, sólo una de ellas encontraba a mano y accesible la llave que abría sus esposas, debiendo liberarse y cumplir sus tareas en tanto que la otra debía esperar, esposada y desnuda, a que su Amo decidiera qué hacer con ella 

En una ocasión, y durante todo un fin de semana en que Aminda estaba con su padre, María había permanecido desnuda, encadenada a la pared con una cadena de un par de metros sujeta con un candado a su collar de perra, mientras su Amo adiestraba a su hija, y sólo la pudo ver cada vez que, con todo el cuerpo marcado y exhausta por los abusos, Laura venía a traerle la comida en un cuenco para perros, debiendo beber de un ingenioso sistema ideado por su Amo, que había conectado un depósito de agua a un grueso consolador que María había de felar si quería obtener agua. La cadena le permitía una mínima capacidad de movimientos, y el baño quedaba fuera de sus límites, por lo que la gorda esclava se veía obligada a hacer sus necesidades en un cajón con arena para gatos… 

Una semana después, a primera hora de la tarde, Laura se presentó en la portería y, siguiendo instrucciones de su nuevo Amo, dejó a Aminda en casa de sus padres, a cargo de su abuelo, ya que sabía que no encontraría allí a su madre, antes de subir al ático de su Amo. 

Cuando Laura llegó al rellano, no se sorprendió al encontrar la puerta de la vivienda abierta, ya que su Amo le había indicado que debía entrar sin llamar… 

Se quedó petrificada cuando entró al salón y se encontró a un par de hombres de color cómodamente sentados en sendos sillones mientras su propia madre, completamente desnuda, con las piernas separadas y las manos detrás de la cabeza, se sometía a la inspección de un tercer hombre negro, sabiendo que, en cuestión de segundos, ella estaría en la misma situación, desnuda y sometida a los tocamientos de…, - en ese momento, el hombretón negro cuya mano se perdía entre las piernas separadas de su madre comenzó a girarse hacia Laura -, de…, - finalmente, con un fuerte azote en las gordas nalgas de María, el hombretón dio por concluida la inspección del desnudo cuerpo de su madre mientras terminaba de girarse hacia Laura, con una amplia sonrisa iluminando su negra cara -, ¡de Abdel Aziz, su exmarido!. 

Laura giró la cabeza en dirección a su Amo, que la estaba mirando sin mostrar interés en ella, e iba a ponerle en antecedentes de quién era Abdel Aziz cuando un ligero fruncimiento inquisitivo de sus cejas le hizo saber que él conocía perfectamente quién era Abdel Aziz, y que precisamente por ello era precisamente él quien estaba magreando las tetas de su madre y metiendo sus dedos en su encharcado coño, y quien iba a hacer lo mismo con ella en cuanto cumpliera de inmediato con su obligación como una buena esclava sexual en presencia de su Amo y se desnudara completamente para después ofrecerle su cuerpo para su placer…, incluso aunque éste fuera humillar a su esclava entregándola a los sucios toqueteos de su exmarido… 

Sin dudar un solo instante más, Laura se desnudó completamente, dejando su ropa sobre una de las sillas de comedor, sabedora de que no iba a necesitarla en toda la tarde, y se colocó en posición junto a su madre, con las piernas separadas, ofreciendo su sexo, y las manos detrás de la cabeza, ofreciendo sus pechos desnudos, aunque a su Amo no le pasó desapercibido que Laura se había colocado manteniendo a el cuerpo de su propia madre entre ella misma y su exmarido… 

Sin ninguna prisa, Abdel Aziz se colocó delante de ellas y comenzó a acariciarles el coño a las dos mujeres, jugando con su vello púbico, tironeándoselo con fuerza hasta hacerlas quejarse de dolor, pero, en realidad y muy a pesar de Laura, haciéndolas sentirse muy perras a ambas… Las dos comenzaban a mostrar cara de vicio, sin perder detalle de cómo aquel cabrón negro les manoseaba el coño sin ninguna delicadeza delante de los otros hombres, con las manos en la nuca entrelazando los dedos para evitar la tentación de bajarlas y mordiéndose el labio ante el placer que, sin embargo, les estaba proporcionando aquella situación…, y pronto se encontraron ambas adelantando las caderas para sentir aún más el contacto de aquellos dedos que invadían sus coños empapados de flujos vaginales como dos vulgares putas…, “¿Y no es eso lo que somos?”, pensó Laura, mientras los expertos dedos de Abdel Aziz las ponían tan cachondas y excitadas que madre e hija estaban a punto de correrse… 

Dándose cuenta de ello, su Amo les gritó: “!LA QUE SE CORRA SIN MI PERMISO SERÁ AZOTADA MUY DURAMENTE!... ¡¡ESTÁIS AVISADAS, PERRAS!!”  

Laura sabía por experiencia propia que su exmarido era capaz de hacer que se corrieran cuando él quisiera, pero, ignorante de que su madre ya había sido follada por Abdel Aziz en el prostíbulo y sabía a qué se enfrentaba, intentó rozar su cuerpo con el de su madre para ponerla sobreaviso… 

Separándose de ellas, Abdel Aziz, envalentonado por la actitud permisiva de su Amo, las abofeteó a ambas con fuerza mientras les gritaba: “!QUÉ PERRAS SOIS LAS DOS!... ¡TENÉIS EL COÑO CHORREANDO, PUTAS VICIOSAS!... ¡ESTÁIS DESEANDO QUE VUESTRO AMO OS DÉ PERMISO PARA CORREROS, GUARRAS!”    

Entonces Abdel Aziz se movió hasta colocarse a su espalda. Laura no podía verle, pero sabía que estaba detrás de ella y podía sentir su lascivia al saberla a su merced, y no pudo evitar estremecerse cuando sintió cómo le recorría el cuerpo con la punta de sus dedos, bajando desde la nuca por la espalda hasta llegar a sus desnudas nalgas, recreándose con los esfuerzos de la pobre chica por complacer a su Amo, soportando estoicamente sin moverse los tocamientos de su exmarido… Pero el autocontrol de Laura fue puesto a prueba cuando Abdel Aziz introdujo su mano entre sus nalgas, tanteando su ano con las yemas de los dedos, y la chica no pudo evitar estremecerse…

Como el de su propia madre hasta hacía muy poco tiempo, el culo de Laura era virgen… Nunca le había permitido a ninguno de sus novios que la penetrara analmente y ni tan siquiera al propio Abdel Aziz mientras era su marido, y ahora estaba allí, en la casa de un hombre desconocido para ella hasta hacia una semana y al que ahora debía considerar como su Amo, completamente desnuda delante de unos completos extraños, al lado de su propia madre, tan desnuda y expuesta como ella misma, mientras sentía cómo el dedo de su exmarido exploraba la entrada de su ano virgen, forzando su esfínter hasta introducírselo hasta la primera falange… La humillada Laura no pudo evitar sonrojarse al plantearse qué pensaría su familia si pudieran verlas a su madre y a ella en aquella situación tan comprometida…, y la tarde sólo había comenzado para ellas…

"Este cabrón es tan repulsivo…", pensó Laura. "Lo odio y odio lo que me está haciendo… Lo odio y odio lo que me está haciendo… Lo odio y odio lo que me está haciendo…", se repitió mentalmente como un mantra mientras mantenía sus ojos cerrados y trataba de mantener su mente enfocada en cuanto detestaba a su exmarido y lo repulsivo que era por hacerle aquello a ella, la madre de su hija.

De pronto, otro pensamiento cruzó la mente de la chica… ¿Y eso en qué la convertía a ella misma?... Su madre, al menos inicialmente, había sido coaccionada para someterse a su Amo, pero ella misma no tenía excusa para ello…, ella se había entregado a él voluntariamente, y ahora mismo estaba entregándole su cuerpo para que permitiera que su exmarido y sus dos amigotes la usaran como un juguete sexual… ¿Eso no significaba que ella era tan pervertida como Abdel Aziz?...

Alejandro, siempre atento, observó cómo las mejillas de la chica se encendían mientras contemplaba cómo su exmarido le introducía aún más el dedo en el ano, casi obligándola a ponerse de puntillas sobre los dedos de los pies y pudo adivinar sus pensamientos… Por María él ya sabía que el culo de Laura era virgen aún, y también sabía que dejaría de serlo aquella misma tarde… Sólo le quedaba por decidir si se lo desvirgaría él mismo o permitiría que Abdel Aziz la “inaugurara”, pero sí era seguro que las pollas de los tres negros penetrarían aquel estrecho agujero antes de que la sesión concluyera, y sería de la forma en que hiciera que la chica se sintiera lo más humillada y vejada posible, de forma que su voluntad se rompiera definitivamente, como había ocurrido con su madre al ser forzada a someterse a una sesión de adiestramiento por parte del cornudo de su marido, y se convirtiera en una esclava tan entregada y sumisa como María… 

“¡Esclava!”, le gritó 

“¿Sí, mi Amo?” 

“¿Cómo es posible que un macho te esté metiendo su dedo por el culo y tú no le facilites la tarea separándote las nalgas para él?” 

“Amo, yo…” 

“¡¡QUE TE ABRAS EL CULO, ESTÚPIDA!!” 

La pobre Laura, casi al borde del llanto, sintió cómo el pie descalzo de su madre rozaba el suyo, pero no sabía si su intención era darle ánimos o conminarla a obedecer a su Amo… 

Fuera como fuese, se obligó a si misma a bajar las manos hasta sus nalgas para luego agarrárselas con ambas manos y separárselas ampliamente, dejando su ano completamente expuesto a los manejos digitales del macho negro… 

Después de unos cinco minutos, Alejandro decidió que era hora de cambiar de tercio… 

“¡Laura, coge unas esposas de encima de la mesa y esposa las muñecas de tu madre a la espalda!”. 

La chica, aliviada al poder escapar del dedo invasor, corrió literalmente a cumplir la orden de su Amo y procedió a esposar las muñecas de su madre a la espalda. 

“¡Tú, María, al suelo con las piernas bien abiertas!”, ordenó Alejandro entonces. 

Mientras la sumisa gorda cumplía trabajosamente la orden de su Amo, ya que, con las manos esposadas a la espalda, corría el riesgo de caer con todo su enorme peso al suelo mientras lo hacía, su Amo bramó otra orden. 

“¡Laura, a cuatro patas, mete tu cara entre las piernas de esa vaca y cómele el coño hasta que consigas que se corra sin usar las manos!. ¡Tienes cinco minutos o serás castigada!... ¡Y tú, vaca estúpida, recuerda que tus instrucciones siguen siendo válidas o serás tú quien reciba el castigo!. ¡¿Habéis entendido, perras?!” 

“¡Sí, Amo!”, respondieron ambas mujeres al unísono, y Laura se colocó a cuatro patas entre las piernas de su madre, enterrando su cara en su entrepierna para buscar su coño con la boca, chupando y mordisqueando su clítoris como una posesa, ansiosa por conseguir el orgasmo de su madre y así evitar el castigo. 

Sin embargo, lo que Laura no sabía era que las instrucciones que su madre había recibido de su Amo antes de que ella llegara incluían la prohibición absoluta de correrse, por lo que aquello se convirtió pronto en una titánica lucha de voluntades, la de Laura por arrancarle un orgasmo a su madre y la de ésta por evitarlo, por más que la boca de su hija entre sus piernas le estaba procurando tanto placer que la pobre María no podía evitar que de su boca se escaparan unos sonoros gemidos de placer que provocaron las lascivas sonrisas de los cuatro hombres que contemplaban el espectáculo lésbico que les proporcionaban madre e hija… 

En un momento dado, Abdel Aziz se acercó a la mesa y cogió un par de antifaces, pero Alejandro le detuvo: “No, nada de antifaces por ahora. Quiero que esta vaca estúpida vea cómo por su causa su hija se ha convertido en una puta perra que le está comiendo el coño hasta que se corra en su boca y que la ternerita pueda ver la cara de placer de su madre mientras lo hace y el coño de su madre le chorrea en la cara…” 

Cuando los gemidos de placer de María empezaron a oírse claramente y el olor a hembra en celo inundó la habitación, Alejandro vio cómo los dos hombres negros que estaban sentados comenzaban a tocarse el enorme bulto que lucían sus pantalones y cómo Abdel Aziz se deleitaba contemplando con una lascivia apenas contenida el culo en pompa de su exmujer, quien, a cuatro patas y con su boca enterrada en la entrepierna de su madre, deslizaba su boca de arriba abajo por todo su coño, babeándolo, mientras intentaba capturar con sus labios el clítoris de su compañera… María era una experta en el arte de la felación y hacía unas mamadas de campeonato, pero su hija no se quedaba atrás en lo referente a comer coños, y resultaba obvio que el de su madre no era el primero que se comía… De seguir así, su madre tendría serios problemas en obedecer las órdenes de su Amo y no llegar a correrse… En aquel momento, de forma inconsciente, pugnaba con las esposas que le mantenían encadenadas las manos a la espalda, y Alejandro sabía que, de tenerlas libres, comenzaría a magrearse las tetas o agarraría la cabeza de su hija para enterrarla aún más entre sus piernas, pero sus limitaciones hacían que sólo pudiera levantar las caderas en un intento de facilitar el acceso de la lengua de su hija a su vagina. 

Entonces Alejandro tomó su decisión… Dejaría que Abdel Aziz desvirgara el culo de su exesposa, tratándola como una puta para humillar a la avergonzada chica, y él se reservaría para el momento cumbre, usando para quebrar su ánimo definitivamente el mismo truco que había empleado con su madre… Iba a permitir que su odiado exmarido la sometiera a una sesión de adiestramiento conjunta con su madre…, con su propio padre como espectador, y así, además, terminaría de hundir la estima del cornudo, que vería cómo su mujer y su hija se habían convertido en meros objetos sexuales para el placer de su Amo… 

Pero para que su plan tuviera éxito y los efectos en el ánimo de Laura fueran definitivos primero tenía que darle algo que luego le arrebataría cruelmente, y eso era la esperanza de salir bien librada de aquella situación, y para ello tenía que hacer que María desobedeciera su orden y se corriera en la boca de su hija…, pero aún no era el momento. 

Les hizo una seña a los dos hombres que permanecían sentados, y estos no tardaron en desnudarse completamente, mostrando unas enormes erecciones, y acercarse donde se encontraban ambas mujeres. 

Uno de ellos se arrodilló junto a la cabeza de María y la obligó a meterse su gruesa tranca negra en la boca mientras comenzaba a pellizcarle cruelmente los pezones, consiguiendo que gimiera de dolor antes de que él la silenciara metiéndole aún más su miembro en la boca, sin que ella pudiera impedírselo al tener las manos esposadas a su espalda, y, sujetándola por la cabeza, comenzó a follarle literalmente la boca mientras la gorda se atragantaba y tenía arcadas por lo dentro que le llegaba. 

Mientras tanto el otro se acercó a la mesa y cogió una fusta de cuero, comenzando a azotar con saña los desnudos cuerpos de ambas esclavas, cada fustazo dejando marcada una línea roja en sus blancas carnes... 

Determinado al ver cómo su plan se iba cumpliendo, Alejandro se dirigió a la cocina y seleccionó en el frigorífico una zanahoria de buen tamaño para luego volver al salón, donde pudo comprobar que los dos negros seguían usando los cuerpos de sus esclavas, obviamente deseosos de poder lanzarse sobre aquellas dos hembras y enterrárselas profundamente en todos sus agujeros… 

Pronto llegaría ese momento, pero, mientras tanto, Alejandro se dirigió a Laura, obligándola a incorporarse ligeramente para atender a su Amo… La cara de la chica estaba llena de sus propias babas y de los flujos vaginales que brotaban del coño de su madre y que también eran visibles entre las piernas obscenamente abiertas de ésta, que mantuvo los ojos cerrados mientras intentaba aprovechar aquel descanso para rebajar su grado de suma excitación y poder cumplir con la orden de su Amo… “Buena perra”, pensó él. 

Alejandro le entregó la zanahoria a la expectante Laura mientras le ordenaba 

“Úsala en el culo de esa vaca mientras le comes el coño” 

Laura, sorprendida, miró la zanahoria por un segundo y luego dirigió la mirada hacia la entrepierna de su madre, pero cualquier duda que pudiera tener desapareció en un segundo y, cogiendo la gruesa hortaliza de manos de su Amo, volvió a acercar su boca a la entrepierna de su madre, retomando la comida de coño que venía haciéndole cuando había sido interrumpida por su Amo, mientras sus manos se deslizaban por debajo de las nalgas de María para abrirle el culo e introducirle la zanahoria por el sonrosado ano. 

Cuando María sintió cómo la fría zanahoria penetraba su esfínter no pudo evitar un jadeo involuntario. El breve descanso la había ayudado a disminuir su nivel de excitación, pero sentir cómo la boca de su hija se deslizaba una vez más por su coño y cómo sus dientes mordisqueaban su clítoris mientras su culo era penetrado por la zanahoria fue demasiado para ella y, tras poco más de un minuto sometida a aquellas estimulaciones de sus zonas íntimas, no pudo evitar correrse entre gemidos y gruñidos de placer mientras de su coño brotaba una ingente cantidad de flujos vaginales en un abundantísimo squirt que empapó la cara y el pelo de su hija de fluidos vaginales… Alejandro observó la sorpresa en la cara de los tres negros que contemplaban la escena, pero él no se sorprendió, ya que sabía que María, cumpliendo sus instrucciones, llevaba una semana sin poder experimentar un orgasmo a pesar de haberla mantenido sexualmente excitada casi de forma permanente… 

Cuando remitieron los estertores del cuerpo de la gorda madura después del impresionante orgasmo que había experimentado, su hija sacó la cabeza de entre sus piernas e, incorporándose hasta quedarse de rodillas, volvió su cara hacia su Amo, pendiente de su siguiente orden e intentando ignorar a su exmarido, que admiraba su cara, llena de sus propias babas y de los flujos vaginales de su madre… 

“Creo que te gustan las zanahorias, esclava”, le dijo su Amo… “Sácasela a esa perra desobediente del culo y cómetela”. 

Por un ínfimo instante, Laura dudó, mirando la hortaliza, que se encontraba prácticamente metida en toda su longitud en el culo de su madre… 

“¡¡No me has oído, puta esclava!!... ¡¡¡CÓMETELA AHORA MISMO!!!” 

Moviéndose como un resorte, la mano de Laura sacó la zanahoria del culo de su madre y la llevó a su boca, mordiéndola con fuerza mientras su cara mostraba un leve gesto de asco ante el ligero olor a mierda del culo de su compañera, pero no paró hasta habérsela comido entera.      

En cuanto Laura se terminó de comer la zanahoria, su exmarido se acercó a donde se encontraba arrodillada, se inclinó sobre ella y le agarró la cara fuertemente con una de sus enormes manazas, obligándola a mirarle a los ojos…, y entonces, con una voz que manifestaba un intenso sentimiento de desprecio hacia ella, le dijo, “No soy tu Amo, pero hoy seré tu Señor… Tú, sin embargo, no tienes nombre, no eres nadie, sólo eres una perra, una puerca, ¿lo has comprendido?... No eres más que un animal... Una mascota que tu Amo ha acogido y por lo que le tendrías que estar muy, muy agradecida... Lo estás, ¿verdad, cerdita?. Y por eso vas a cumplir todos sus deseos porque estás agradecida de que él pierda su valioso tiempo ocupándose de un sucio animal como tú, ¿no es así?”.

Laura asintió antes de contestar como se esperaba de una sumisa obediente

“Sí, Señor…, sí, Amo, gracias por acoger a esta sucia perra”

“Bien, puta… ¿Quieres besar la polla de tu Señor antes de que te rompa el culo?”, le preguntó…

Laura no respondió, pero una lágrima resbaló por su mejilla mientras sus ojos buscaban a su Amo, pero la mirada dura de éste la hizo comprender que no podría encontrar piedad en él.

En ese momento, uno de los amigos de Abdel Aziz trajo un collar de perro y una cadena y se los puso, obligándola a colocarse a cuatro patas, sujetando el extremo libre de la cadena a una de las patas del sofá de forma que Laura se vio obligada a mantener la cabeza casi a ras del suelo y sus nalgas quedaron elevadas, a merced de Abdel Aziz.

“Ábrete el culo”, le dijo el hombre… ”Hoy no vas a poder sentarte sin acordarte de él”.

Laura gimió como un cachorrillo desvalido mientras apoyaba la cara en el suelo y llevaba sus manos atrás para abrirse las nalgas.

Entonces se oyó la voz de su Amo… “Haz que vuelva la cabeza hacía mí”

El hombretón obedeció, obligando a Laura a girar la cabeza en dirección a su Amo, a quien la chica miró con su absoluta sumisión asomando en sus ojos

“Quizás no sepas que a él le gusta meterla toda de una vez, con fuerza. Te lo romperá, te dolerá mucho y posiblemente te haga sangrar... Y mientras te rompe el culo quiero ver cada una de tus expresiones, no quiero que cierres los ojos ni que dejes de mirarme, ¿has entendido, zorra?”.

Laura asintió

“Quiero oírte, perra. ¿Has entendido?”

La pobre chica sorbió antes de responder a su Amo

“S-sí…, A-amo, he entendido”

Aunque aterrada ante lo que le esperaba, saber que la atención de su Amo iba a estar centrada en ella mientras su exmarido la desvirgaba el culo, hizo que Laura se sintiera extrañamente excitada, y más aún cuando escuchó los gemidos de su madre y por el rabillo del ojo pudo ver cómo, un poco más allá, también en el suelo, María estaba siendo doblemente penetrada por los otros dos negros sin que su Amo le prestara atención…

Entonces Abdel Aziz le pasó la polla por todo su cuerpo y Laura casi se corrió cuando la pasó por su coño.

“Está caliente la putita, ¿eh?”, le dijo él, sonriendo.

“Pídemelo, puta”, le dijo su Amo.

Laura supo perfectamente qué quería su Amo de ella, y le miró directamente antes de responder, abriéndose aún más las nalgas con ambas manos y dejando completamente expuesto su estrecho y virgen agujero

“Dígale que me folle, por favor, Amo. Dígale a mi Señor que me rompa el culo, pero que me folle ya, Amo, por favor… Por favor, Amo…, Señor…, se lo suplico... Soy su puta, una cosa, un animal, todo lo que ustedes quieran pero, por favor, úsenme…”… Y entonces, volviendo la vista hacia su exmarido, prosiguió diciendo. “Destróceme el culo…, Señor”.

“¡MUY BIEN, PUTITA BLANCA, YA QUE NO SUPISTE SER LA ESPOSA DE UN HOMBRE NEGRO, AHORA VAS A SABER QUÉ SE SIENTE SIENDO SU HEMBRA MIENTRAS SU TRANCA NEGRA FOLLA TU ASQUEROSO CULO BLANCO!”, le gritó su exmarido

Abdel Aziz se arrodilló tras ella, y Laura percibió el roce de la polla por su culo hasta que sintió cómo se la clavaba secamente en el ano de un solo golpe que se la hundió hasta los huevos, provocándole un estridente dolor por el ensanchamiento tan brutal y repentino de su ano. La sujetó por la cintura fuertemente y se puso a follarla presurosamente, sacándole toda la polla y hundiéndosela de golpe una y otra vez en su estrecho culo, hasta que el intensísimo dolor hizo que la pobre chica apretara los dientes con fuerza y cerrara los ojos, aunque enseguida recordó la orden de su Amo y volvió a abrirlos, fijando su vista en él.

“¿Te gusta, cerda?”, le preguntaba su exmarido azotándole el culo con la mano abierta. “Voy a reventarte el culo, hija de puta”, le dijo mientras volvía a azotarla con severidad, enrojeciéndole las nalgas. “Maldita guarra, toma, cabrona”.

La embestía fuerte y con rabia, atizándole palmadas en las nalgas, provocándole agudos gemidos de dolor mientras le perforaba el ano con su enorme tranca, vengándose en su cuerpo de los malos ratos que le había hecho pasar durante el juicio de divorcio.

Entonces el negro aceleró sus embestidas, asestándole con potencia y jadeando secamente, hasta que frenó de repente, evacuando leche en abundancia dentro de su culo.

Laura casi volvió a cerrar los ojos al notar cómo le circulaba su semen por sus entrañas, aún con la tremenda verga encajada en el ano, aunque permanecía inmóvil.

“¿Te ha gustado, cerda?”, le preguntó, volviendo a azotarle las nalgas. Laura sólo sorbió la saliva que le llenaba la boca y goteaba por la comisura de sus labios, sin volver la cabeza…

Laura agitó la cabeza, mirándole por encima del hombro, tratando de incorporarse para desencajar la polla, pero el hombre la mantuvo a cuatro patas plantándole las manazas sobre sus hombros, con la verga incrustada aún en el ano.

Entonces Abdel Aziz le sacó la polla del ano, se incorporó y retrocedió unos pasos, dejándola con el culo abierto para todos los espectadores. Al instante, fluyó el semen del dilatadísimo y enrojecido ano de Laura, como un manantial, mezclado con algunos goterones de sangre que resbalaban hacia el coño de la humillada chica y goteaban en el suelo del salón. Laura trató de hacer fuerza para que brotara todo lo posible, consiguiendo que un débil chorro saliera de su culo, como si fuera una pequeña meada, mientras permanecía a cuatro patas, sin atreverse a levantar la cabeza...

Entonces volvió a oírse la voz de su Amo…

“¡Tú, vaca estúpida…!... ¿Qué esperas para limpiarle la polla a tu Señor?”

Por un momento, Laura pensó que su Amo se dirigía a ella, y levantó la cabeza para mirar en su dirección, pero enseguida sintió un rápido movimiento en la dirección opuesta y, girando la cabeza, pudo ver cómo su madre, a cuatro patas y con los muslos empapados por el semen de los dos negros que rebosaba su coño y su culo extremadamente abiertos, una muestra inequívoca de que los dos negrazos se la habían follado a pelo y habían vaciado sus pollones dentro de ella, se colocaba de rodillas entre las piernas de su exyerno y, sin mostrar la más mínima vacilación, comenzó a lamer de arriba abajo la aún enorme polla del negro, para luego introducírsela completamente en la boca, sin que nada en su gesto delatara que sintiera asco por estar mamando una polla que acababa de salir del culo de su hija.

Al no poder usar las manos, que seguían esposadas a su espalda, sino sólo su boca, María no pudo evitar que el exceso de saliva resbalara de su boca y goteara hasta sus enormes tetas, que se bamboleaban y oscilaban arriba y abajo al ritmo de la mamada que le estaba haciendo a Abdel Aziz para dejar su polla limpia de los restos del desvirgamiento anal de su propia hija.

Cuando su Amo consideró que la gorda madura había terminado con su “trabajito de limpieza”, se oyó la voz de su Amo.

“¡A cuatro patas!... ¡Las dos!”, y ambas mujeres obedecieron rápidamente, aunque María tuvo más dificultades al tener aún las manos esposadas a la espalda y debía mantener su gordo cuerpo en tensión al no poder apoyar las manos.

Entonces apareció uno de los negros con dos cuencos de agua que depositó en el suelo, frente a ellas.

“Necesitáis hidrataros bien, putas… Ahora tenéis que beberos toda el agua de los cuencos..., pero, como ya no sois personas, lo tendréis que hacer como vulgares animales, a cuatro patas y sin utilizar las manos. Y será mejor que no dejéis nada ni se derrame ni una sola gota…”.

Ni la madre ni la hija se lo pensaron mucho, porque estaban realmente sedientas, y comenzaron a beber, dando lametones como verdaderas perras, pero María, dificultada por las esposas, no pudo evitar que se derramara parte del agua en el suelo.

“¡Estúpida perra de mierda!”, le gritó Abdel Aziz. “¿Ni siquiera eres capaz de beber sin ponerlo todo perdido?”

Y seguidamente comenzó a golpear a su exsuegra con una fusta que tenía, y no dejó de azotarla por los muslos, las nalgas y la espalda hasta que limpió con la lengua toda el agua derramada. Los azotes fueron tan duros, sobre todo en los muslos y en las nalgas, que las marcas tardarían en desvanecerse, y la desconsolada María no acertaba ya ni a llorar abiertamente.

Si les quedaba alguna duda, con aquella última acción de su Señor, aunque fuera de forma provisional, quedaron disipadas… A lo largo de aquella tarde iban a ser cruelmente torturadas.

Entonces se dejó oir nuevamente la voz de su Amo

“Ya está bien por ahora… ¡Preparadlas!... Cada cerdo tiene su San Martín y ha llegado el gran momento de este par de cerdas…”

jueves, 1 de enero de 2026

Abogada atada

 

Una exitosa abogada vuelve a casa y encuentra a su amiga en una situación "comprometida"... ¿Cómo acabará todo?... Estoy preparando la continuación a mis relatos, pero me apetecía subir algo porque el poco tiempo de que dispongo me ralentiza escribir sus continuaciones, así que he rescatado esto


Había sido un buen día en los juzgados, y parecía tener por delante una tarde relajada. Quizá podría llamar a mi marido para salir a comer, o quizá vería una película con mi vecina si no tenía ganas de hacer cualquier otra cosa. Cuando maniobré con el coche para entrar en el garage, me di cuenta de que no estaba el coche de Elisa, pero que Luis, su marido, sí estaba allí, por lo que pensé que me detendría para ver cuándo estaría ella en casa.

Nuestros patios traseros están separados por una cerca, pero teníamos una puerta escondida tras un seto, así que me colé en el jardín de los vecinos. La puerta corrediza estaba abierta, pero, aún así, llamé, pero no obtuve contestación. Pensé que Luis podría estar en la cocina, así que me dirigía hacia allí cuando oí un ruido que sonó como un gemido. Me volví hacia el lugar de donde provenía y vi a una mujer en el suelo delante de la chimenea. Estaba atada, amordazada, y desnuda. Aunque era difícil reconocerla a causa del ballgag que amordazaba su boca, reconocí a Yolanda Rodríguez, una mujer que vivía en el bloque de al lado. Sabía que ella y Luis y Elisa eran amigos, pero no podía imaginar qué hacía en tal estado en el cuarto de mis amigos.

Pues, la única manera de enterarme era preguntar, así que me arrodillé al lado de la mujer desvalida y le solté la mordaza.

"Dame sólo un minuto, y te libraré", le dije.

"¡Oh no, Cecilia!”, dijo, “¡no me sueltes!. A mí me encanta estar atada, y pronto voy a ser follada mientras estoy indefensa. ¡Es el mayor placer del mundo!."

El asunto era cada vez más misterioso. No podía creer que Yolanda realmente quisiera estar atada y amordazada. Entonces Luis entró el cuarto con un puñado de correas de cuero. "¡Oh, Cecilia!", dijo, "no te esperaba."

"Yo sólo me detuve para ver si Elisa quería ver una película esta noche, pero me parece que tienes otros planes. ¿Dónde está Elisa?".

"En casa de los Rodríguez con el marido de Yolanda, Alberto, y probablemente atada tan firmemente como Yolanda lo está aquí."

"¿Significa eso que os cambiáis vuestras esposas?", pregunté.

"Sí, lo hacemos, y tratamos de superarnos mutuamente en cómo somos capaces de esclavizar a la esposa del otro. Hay un grupo de nosotros donde las mujeres disfrutan de la esclavitud y del sexo. Quizás quieras probarlo".

Pues bien, Allí estaba yo, sin saber qué decir ni qué hacer. Él tenía sus manos llenas de cuerdas, y una mujer libre delante de sí quien, por lo menos, no había corrido chillando cuando tropezó con su cautiva. Quizás deba decirles unas palabras acerca de esa mujer. Tengo 31 años, soy alta, y me considero bien proporcionada, aunque pienso que puedo resultar demasiado grande. Mis medidas son 37D-25-38. Cuando llevo tacones altos mido casi 170 cms., y llevaba tacones altos ese día. Soy abogada, y había estado en la corte todo el día, por lo que vestía algo más formal de lo que usualmente visto. Llevaba un traje azul oscuro con una falda corta hasta mis rodillas, y una blusa de seda blanca. Debajo, llevaba medias blancas hasta el muslo, y el sostén y la escueta braguita que llevaba también eran blancos.

La cautiva, como ya he dicho, estaba desnuda salvo por las sogas y los zapatos de tacón alto. Encontraba que la situación era sumamente erótica. Su marido había dejado que viniera aquí para ser atada y follada como símbolo de su compromiso. Tenía sus muñecas atadas a la espalda y cruzadas. Sus manos estaban libres, pero no podía hacer nada. Sus tobillos estaban atados a sus muslos, para que pudiera arrodillarse, pero no mucho más.

Cuando Luis me preguntó si quería probar a ser atada me sentí excitada, y me imaginé en el lugar de Yolanda, desnuda y desvalida. Mis piernas me fallaron y sentí que tenía que sentarme.

"Ponle la mordaza a Yolanda, Cecilia.", me instruyó Luis.

Pensé que ella protestaría, pero Yolanda abrió su boca para mí y mantuvo su cabeza erguida para que pudiera ajustarle las correas con facilidad. Lo que verdaderamente me sorprendió fue que casi podía sentir la mordaza y las correas alrededor de mi propia cabeza.

Con dificultad introduje la gran pelota de caucho rojo tras los dientes de Yolanda y enhebillé las correas alrededor de su cabeza de nuevo. Cuando lo hacía pensé en cómo sería ser amordazada así.

Luis debía de saber cómo me sentía, y apareció junto a mí con su manojo de cuerdas y dijo, "quizá debieras quitarte la chaqueta para que no se arrugue."

Mis manos parecieron moverse solas mientras me quitaba la chaqueta del traje, y entonces me sorprendí aún más a mí misma cuando dije, "tampoco quiero arrugar mi blusa y la falda. ¿Estaría bien si me las quito también?".

Por supuesto que lo estaba, y pronto estuve de pie en el salón de mi vecino vestida sólo con mi sostén y mis bragas, las medias y los zapatos de tacón, y acercándome al lugar donde Yolanda nos observaba. ¿Qué diría mi marido si pudiera verme ahora?.

"Pon las manos a la espalda, Cecilia, con las muñecas cruzadas", dijo Luis. "Haremos que esta primera vez te resulte cómoda."

Sentí cómo las cuerdas se apretaban Alrededor de mis muñecas. Entonces Luis tomó otra soga y la anudó sobre mis codos, y entonces tiró hasta que mis codos casi tocaron. Afortunadamente, soy flexible. Miré mis pechos, y tengo que admitir que nunca me gustaron más. A algunos hombres les gusta atar a las mujeres, pero a todas las mujeres les gusta ser atadas. Entonces Luis anudó otra soga alrededor de mis rodillas, y luego ató mis tobillos de tal forma que no pudiera dar más que pasitos muy cortos.

"Ahora la mordaza," dijo. "Tengo una nueva que pienso que te gustará por ser tu primera vez." Primero insertó una pelota grande y blanca en mi boca, y entonces la enhebilló con una correa tras mi cabeza. Otra correa fue debajo de mi mandíbula, y dos más por encima de mi nariz, entre mis ojos. Esta correa continuó por encima de mis cabellos hasta engancharse con la otra correa alrededor de mi cabeza. Entonces ató una de las sogas que sujetaban mis codos a la cima del arnés, obligándome así a levantar la cabeza. Me sentía bien aunque estaba totalmente desvalida. No podía creer lo que había pasado. Sólo una hora antes había sido una abogada importante en una sala de tribunal, y ahora era una muchacha desvalida, atada y amordazada con mis bragas totalmente empapadas.

Luis puso su mano en mi espalda para atraerme hacia él mientras su otra mano daba masaje a mis pechos, y entonces dejó que su mano resbalara por mi cuerpo hasta mi coño, "Está muy mojado", dijo. "Hace mucho que Elisa había pensado que a lo mejor te gustaría la esclavitud, pero yo tenía mis dudas. Supongo que siempre se aprende algo nuevo."

Cuando me tocó comencé a gemir. Nunca me había excitado así, y tan rápidamente, en mi vida. Él me acariciaba suavemente entre mis piernas y me habría encantado que me follase en ese mismo instante. Sin embargo, no lo hizo. Fue a una mesa y escribió una nota, que, acercándose a mí, enganchó en una de las cintas de mi sostén. "Es una nota para Jose", dijo. "Dice que probablemente necesitas ser follada, y que quizá a él le gustaría hacerlo."

Golpeó mi culo con fuerza y me empujó hacia afuera. Con gran dificultad caminé la corta distancia hasta nuestra puerta trasera, agradecida de lo cercanos que estaban nuestros patios. Mi marido estaba esperándome en la puerta, lo cual fue una suerte para mí, porque no sabía cómo iba a abrir la puerta, atada como estaba.

Luis debía de haber llamado a Jose para decirle que podía necesitar ayuda para entrar. Estaba muy asustada pensando que se enojaría. Su esposa acababa de permitir que otro hombre, ¡infiernos, prácticamente había rogado a otro hombre!, que la atara y amordazara, que la acariciase los pechos casi desnudos, y habría permitido que la follase si él lo hubiese intentado. Pero mi marido sonreía cuando abrió la puerta y permitió que yo entrara en casa. "Veo que Luis te ha mostrado algunos de sus trucos. ¿Te cae bien él?", preguntó. Cabeceé con mi cabeza tan entusiásticamente como podía, considerando la tirantez de las correas de mi mordaza.

Entonces mi marido vino a mí y me abrazó, y dijo, "Cecilia, nunca no te había visto tan hermosa. Luis me ha mostrado fotos de Elisa y otras esposas en esclavitud, pero he tenido miedo de comentar el asunto contigo. Pero ahora creo que tendremos mucha diversión. Y la primera diversión que voy a tener será mirar cómo mi esposa desvalida es follada por otro hombre."

Él cogió una de las tiras de mi sostén, y, sacando de su bolsillo un pequeño cortaplumas, cortó la tira a la altura de mi hombro y me quitó el sujetador. Entonces cortó los laterales de mis bragas y me dejó desnuda salvo por mis medias, los zapatos, y, por supuesto, mis ataduras. Entonces usó un rotulador para escribir algo en mi pecho izquierdo, pero, atada como estaba, me era totalmente imposible leerlo. "Volvamos a casa de Luis", dijo.

Me tomó de mi brazo y me llevó fuera, y por tercera vez crucé nuestro patio, cada vez más desvalida y más expuesta. Pensé en qué pensarían los vecinos si me veían desnuda y desvalida como estaba, y eso me puso más excitada.

"Luis", dijo Jose, "Cecilia tiene una nota para ti en su pecho."

Luis se había sentado y acariciaba a Yolanda Rodríguez cuando entramos. Vino a mí y me cogió el pecho y leyó en voz alta: "Estimado Luis, me enviaste atada y semidesnuda, yo vuelvo atada, desnuda, y preparada para que me folles. Cecilia". No podía creer que mi marido hubiera escrito una invitación a otro hombre para que me follara, y además sin consultarme. ¡Qué se había creído!. De cualquier modo, era algo que yo estaba deseando. Desde el momento en que había visto a Yolanda atada en el salón de Luis, mis pezones se habían puesto duros y mi coño se había empapado.

"Jose, me parece que tenemos aquí a dos muchachas que quieren ser folladas, y si yo voy a follarme a Cecilia, pienso que tú deberías follarte a Yolanda."

"Eso suena a una idea maravillosa", le dijo mi marido, "si le parece bien a Yolanda". Vi cómo Yolanda cabecea rápidamente. Por supuesto, estaba tan amordazada como yo, y no podía decir que estaba de acuerdo, pero podía decir que quería que alguien se la follara, y eso lo haría Jose maravillosamente.

Luis me tomó por el brazo y me condujo a un rincón de la sala donde tenía una especie de potro de metal instalado. Se trataba de un poste recto sobre una base ancha con una madera gruesa encima. La madera tenía un cinturón ancho en un extremo y un cinturón más pequeño en el otro. Luis me dobló sobre la madera y ató el cinturón más pequeño alrededor de mi cuello, y luego el cinturón más ancho alrededor de mi cintura. Entonces soltó la soga alrededor de mis rodillas para que pudiera extender mis piernas. Mi marido miraba mientras lo hacía, y entonces me miró a la cara y dijo, "A mí me encantas, Cecilia, y pienso que te encantará esto". Me dio un besó en mi mejilla, ya que mi boca no estaba disponible, y cubrió mi cabeza con una capucha de seda negra, para que no pudiera prever lo que estaba por venir.

Pueden imaginar la imagen que ofrecía, una pelirroja alta con tetas grandes, y pezones tiesos, inclinada hacia delante con los brazos atados por las muñecas y codos, y las piernas tan abiertas como podía. Debía parecer una muchacha que espera ser follada, y, por supuesto, eso era exactamente lo que era.

Sentí una lengua en los labios de mi coño. Lamió cada rincón de mi clítoris hasta que estuve cerca de correrme, y entonces se detuvo. Retorcí mis caderas tanto cuanto podía en mi esclavitud, y gemí a través de mi mordaza. Sólo cuando mi frustración llegó a su cenit sentí la polla de Luis entrando en mí, y mi clímax comenzó. Estoy segura de que, si no hubiera estado apoyada en el potro, mis piernas no me hubieran sostenido porque mis rodillas temblaban sin control. Era la forma más excitante de follar que había experimentado en mi vida, y el pensamiento que estaba desvalida y con mi marido observándome hizo que aún fuera mejor.

  

Sin embargo, por supuesto tenía que acabar. Ya estaba tan excitada que no podía aguantar mi orgasmo durante más tiempo, y estoy segura de que transmití algo de esa excitación a Luis, porque poco tiempo después sentí que me penetraba hasta el fondo y vaciaba su carga de semen en mi coño. Cuando salió de mí, sentí su semen resbalando entre mis piernas junto con mis propios mis jugos, empapando las cimas de mis medias. Era una “dama” total, completa y absolutamente follada.

Después de descansar un momento, Luis quitó la capucha de mi cabeza para que pudiera ver de nuevo, y entonces me soltó de la posición inclinada, pero no por supuesto de mi esclavitud. Mi marido estaba sentado en una silla acariciando a Yolanda, quien, por supuesto, todavía estaba atada y amordazada. Él la tenía sentada sobre sus piernas, jugueteando con sus pezones, pellizcándoselos, pero también sin perder de vista a su esposa, follada inapelablemente delante de él.

Llevaba atada y amordazada durante más de una hora, y mis mandíbulas y mis brazos comenzaban a dolerme. Luis debía de saberlo, porque él aflojó los arneses de la cabeza y la mordaza de la pelota, y me preguntó si me gustaría que me soltara.

"Creo que todavía no", contesté, "pero me harías un favor si me atases de forma diferente durante un rato. Mis brazos comienzan a molestarme".

"Por supuesto. Creo que ahora sabes que hacemos esto tanto por el placer de la muchacha como por el nuestro propio. Si no hacemos que ambos disfruten de ello, no hay nada que hacer".

Me soltó de mis ataduras y me dio un momento para estirarme. Mi marido apareció frente a mí y me abrazó y dijo, "me ha parecido maravilloso. He deseado verte atada y follada como ahora desde que Luis y Alberto me hablaron sobre lo que ellos les hacían a Yolanda y Elisa".

"¡Ojalá me hubieses preguntado antes!", contesté, "pero no sé qué habría contestado antes de ver a Yolanda atada". "Pienso que habéis despertado un “monstruo” ahora, aunque, creo que no quiero detener esto demasiado pronto".

"Creo que vas a estar muchas veces desvalida en el futuro", dijo, "y muchas veces vas a ser follada por otros hombres mientras miro."

Jose entonces me llevó al otro lado del cuarto, donde se habían atado ganchos al techo, y volvió a atar mis muñecas, esta vez con puños de cuero con cadenas atadas a ellos, y me ató con mis brazos hacia arriba y abiertos, izándome hacia el techo. Apenas podía tocar el suelo con las puntas de los pies si mantenía las piernas rectas, pero entonces mi amoroso marido me puso una barra en mis tobillos, obligándome a mantener las piernas muy abiertas, y yo me balanceé precariamente sobre los dedos de mis pies. Me besó tiernamente, y entonces me amordazó con una especie de mordaza con forma de pene que introdujo en mi boca y que luego enhebilló herméticamente en la parte posterior de mi cuello. Estaba desvalida de nuevo con una polla de plástico en mi boca, pero quería una real en mi coño, y Jose no estaba demasiado cansado como para no ser capaz de “obligar” a follar a su querida esposa.

Dado que yo era casi tan alta como mi marido, una de nuestras maneras favoritas de hacer el amor era de pie, y encajábamos juntos perfectamente. Así que él sólo caminó hasta mí, sacó su polla, y me la metió. Estaba tan mojada y llena del semen de Luis que no hubo ninguna resistencia. Una vez más estaba siendo follada mientras me encontraba totalmente indefensa. Los hombres parecían disfrutar enormemente follando con mujeres desvalidas, y las mujeres siendo folladas con casi nada de trabajo. Era maravilloso, y cuando mi marido terminó yo tenía más fluidos seminales empapando las cimas de mis medias. El volumen me sorprendió, dado que sabía que Jose se había follado a Yolanda mientras Luis me lo hacía a mi. Al parecer, la vista de su esposa desvalida hacía que mi marido se convirtiera en una verdadera máquina sexual.

Después de dos veces cada uno de ellos, los dos hombres se habían cansado un poco, así que nos desataron y nos llevaron al centro de la habitación, donde nos ataron una vez más, ésta vez obligándonos a sentarnos en el suelo con las piernas de la una entre las de la otra, de forma que nuestros coños se tocaran, y más aún cuando, después de pasar una soga alrededor de nuestras cinturas, la apretaron considerablemente, con nuestros brazos atados fuertemente a la espalda, nuestras rodillas atadas juntas, y nuestros tobillos también atados. Nos amordazaron con una mordaza doble, que constaba de dos juegos de arneses completos que tenían dos pelotas juntas, manteniendo así las cabezas de las muchachas juntas por sus bocas, como si nos besáramos. Los hombres salieron y nos dejaron allí, en el suelo, incapaces de comunicarnos excepto por nuestros ojos, y pensé que la mirada de Yolanda me demostraba que había disfrutado de la tarde tanto como yo misma.

Una vez más pensé en cómo mi vida había cambiado sólo desde que había llegado a casa desde el trabajo. Esa misma mañana había sido una buena abogada y esposa fiel, y ahora era una mujerzuela esclavizada, deseosa de ser follada por cualquier hombre que la atase.

Jose y Luis hablaron un rato mientras nosotras seguíamos en el suelo, pero entonces la puerta se abrió y Elisa entró, llevada por Alberto, el marido de Yolanda. Como nosotras dos, estaba desnuda, atada y amordazada. Alberto la llevaba tirando de una correa sujeta a unos anillos en sus pezones, que no me había dado cuenta antes de que tenía. Habría sido después de la última vez que había visto a mi amiga desnuda, o quizás yo sólo no me había dado cuenta de ello. Entonces miré hacia abajo y vi que Yolanda también tenía sus pezones agujereados. Deseé saber si a Jose le gustaría que yo también me hiciera eso, y si sería doloroso. Tenía que admitir que los anillos en los pezones resultaban sumamente eróticos.

Elisa sonrió tanto como pudo tras su mordaza de pelota cuando me vio en el suelo atada junto a Yolanda. Luis le quitó la mordaza y ella me dijo, "Hola Cecilia, veo que has descubierto nuestro peculiar estilo de vida. ¿Te gusta?".

Mis posibilidades de contestar eran limitadas por estar amordazada con Yolanda, pero creo que se hizo una clara idea de mis sentimientos sobre el tema, sobre todo cuando Luis le dijo que había sido follada en esclavitud dos veces esa tarde, una vez por él, y otra vez por Jose.

Los tipos nos soltaron de nuestras mordazas entonces, y todos tuvimos oportunidad de hablar acerca de los eventos de las horas pasadas. Ciertamente querían saber cómo me había sentido, dado que acababa de encontrarme en una situación que yo no podía haber previsto ni haberme preparado para ella. Aseguré a todo el mundo presente que verdaderamente me gustaba el sentimiento de indefensión que sentía mientras estaba atada, y me habían encantado las “atenciones” que los hombres le prodigaron a mi cuerpo. Les dije que nunca había sentido un orgasmo tan intenso como los que había sentido mientras Luis y mi marido me follaban.

Mientras hablábamos los hombres soltaron a las otras mujeres de su esclavitud, y de repente yo era la única en el cuarto desvalida y desnuda. Yolanda y Elisa se habían puesto unas túnicas, pero yo todavía sólo llevaba mis medias, y las sogas, por supuesto, y ésto me hizo sentirme aún más vulnerable entonces, pero también me excitó más. No estaba segura de que alguno de los hombres no quisiera más sexo conmigo, pero esperaba ser follada una vez más esa noche.

Alberto era el único hombre allí que no me había follado todavía, así que le dije, "Alberto, si tú quieres..., no puedo hacer nada para impedírtelo". Mientras, rodé sobre mi espalda en una clara invitación. La vista de una mujer puesta en esclavitud por primera vez lo debía haber inspirado, porque enseguida se desnudó y metió su polla en mi coño.

Yo estaba con mis brazos atados apoyados en el suelo, soportando todo el peso de mi propio cuerpo y el del cuerpo de Alberto, pero el sentimiento de volver a ser follada por otro hombre mientras podía ver el placer en los ojos de mis marido eliminó cualquier incomodidad. Jose se arrodilló al lado mío en el suelo mientras Alberto me empalaba salvajemente, y me besó y me dijo que a él le encantaba yo.

Después pensamos que ya era suficiente por una tarde. Las otras mujeres me soltaron, y Jose y yo nos fuimos a casa, aunque antes nos dijeron que el siguiente fin de semana habría una fiesta por parejas en esclavitud en la casa de Alberto y Yolanda, y que, obviamente, estábamos invitados.

Una vez más crucé nuestro patio, esta vez completamente desnuda desde que por fin me había despojado de mis empapadas medias, que parecían no tener arreglo, y llevando mis zapatos, mi traje, y mi blusa bajo el brazo.

Quería darme una ducha en cuanto llegué a casa, pero Jose me detuvo. "Quiero poder sentir toda la noche lo “mujerzuela” que has sido esta tarde", dijo. "Quiero poder tocar los fluidos fuera de tu coño. Por la mañana podrás limpiarte y volver a ser Cecilia Gómez, abogada. Sólo por esta noche, sin embargo, seguirás siendo una muchacha que ha participado en una orgía de esclavitud".

Y tenía razón, me sentí diferente esa noche. Nunca en mi vida había hecho cualquier cosa parecida antes. No había tenido sexo con nadie salvo con mi marido desde que habíamos comenzado a salir juntos, y ciertamente nunca había sido atada antes, por lo menos no desde que había jugado a vaqueros e indios como una niña pequeña. Tenía un sentimiento de que mi vida sería diferente después de ésto.

La webcamer y su fan number one VIII

 

De cómo Paula quiere seguir jugando y de los peligros de jugar con… “fuego”


“Me he cansado de este juego… Podemos dejarlo o…, subir de nivel… Sácate los juguetes… En la mesilla hay un antifaz… Póntelo sobre los ojos, espósate las manos a la espalda y espérame estilo perrito"

Paula leyó el wasap y sonrió… Estaba caliente…, muuuuuy caliente, y no iba a poner pegas si él volvía para follarla…, cosa que estaba segura de que él ya sabía cuando le envió aquel wasap sabiendo que ella no se echaría para atrás… No habiendo llegado hasta allí… “¡Qué bien me conoce el cabrón!”, pensó Paula, sonriendo para sí misma 

Le hizo gracia lo de perrito, pero no pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda, así que, obedientemente, se sacó con cuidado los dos juguetes de su sexo y de su culo, sintiendo un enorme vacío en su interior de forma inmediata, se puso el antifaz, se esposó las manos a la espalda y, cuando iba a colocarse en la posición indicada, descubrió que tenía un problema...

“¡Capullo!”, pensó, “¿Cómo quiere que me ponga “estilo perrito” con las manos esposadas a la espalda?”

Enseguida comprendió que sólo tenía dos opciones, o inclinaba el cuerpo hacia delante todo lo posible, aguantando su propio peso y de forma que sus grandes tetas quedaran colgando, o dejaba caer el torso sobre la cama, levantando las nalgas y ofreciéndole su culo…, para lo que fuera, jejejejejeje… “¡Dios mío!”, pensó Paula, entre divertida y muy, muy excitada, “¡hasta anoche era virgen por ahí y ya estoy deseando que me vuelva a romper el culo!”. Pero decidió no dejarse caer sobre la cama y soportar el peso de su cuerpo…, por más que deseara volver a sentir otra vez la polla entrando y saliendo de su culo, era consciente por su experiencia como webcamer de que así sus grandes pechos colgaban de una manera que excitaba mucho a los hombres… 

Casi en el mismo momento la chica notó cómo se abría la puerta de su dormitorio, y una brisa fresca entró en la habitación, haciendo que a la excitada Paula se le erizaran los pezones…, “¡Dios, qué caliente estoy!...”, pensó.

Entonces, de repente, le pareció oír dos voces cuchicheando y todo su cuerpo se tensó… Con el sentido de la vista anulado, incluso en tan poco tiempo

se le había agudizado el oído, pero solo había sido un momento fugaz y Paula creyó haberse confundido…, o quiso autoconvencerse de ello para poder relajarse y disfrutar del momento… ¡Era imposible que hubiera más de una persona!

Entonces oyó el inconfundible sonido de alguien quitándose la ropa y olvidó sus aprensiones… ¡Por fin!

Lo siguiente que sintió fueron unas manos entre sus piernas, obligándola a separarlas aún más, para luego tantear sus labios vaginales hasta encontrar su clítoris y comenzar a estimulárselo, arrancándole el primer gemido de placer y provocando que su coño se inundara de fluidos vaginales…, pero cuando más anhelante se sintió la chica, las manos se apartaron de su cuerpo, dejándola con un sentimiento de abandono…

“¿Qué va a hacerme ahora?”, pensó Paula, “¿Me hará que se la mame antes de follarme?...”

Entonces, de repente, - ¡¡ZAS!! -, la desprevenida chica sintió un lacerante golpe en su nalga derecha, provocando que todo su cuerpo diera un respingo y sus carnes temblaran mientras sus tetas se balanceaban adelante y atrás…

“¡Dios, el muy cabrón también sabe dónde guardo la puta fusta!”, pensó, “¿Cómo…?”… Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un segundo fustazo en su otra nalga… ¡¡ZAS!!

Paula se había azotado el culo con la mano o con la fusta en alguna de sus emisiones o para alguno de sus vídeos por encargo de sus seguidores, y cuando lo había hecho, lo había hecho de verdad, nada de medias tintas, hasta dejarse el culo rojo…, pero nada de aquello la había preparado para el seco golpe de los fustazos que Fer le estaba propinando, espaciando los golpes de forma que su sistema nervioso asimilara el escozor primero y el dolor después antes de aplicar el siguiente golpe…

De esa forma, las expuestas nalgas de Paula recibieron casi una docena de duros fustazos antes de que la chica percibiera que su dominador cambiaba de posición, situándose a un lado de la cama…

Paula no tuvo tiempo de plantearse qué intenciones tendría cuando un fuerte fustazo, aunque de menor intensidad que los anteriores, golpeara su pecho derecho, muy cerca del pezón, arrancándola un gemido de dolor…, y otro fustazo cayó sobre el otro pecho casi antes de que Paula pudiera procesar el intenso dolor que ambos golpes le habían producido… “¡Aaaayyyyyy!”.

Sin embargo, a diferencia del sordo escozor que aún sentía en sus nalgas, el dolor en sus pechos desapareció pronto, y Paula comprendió que él estaba controlando la fuerza de los golpes de fusta y que no pretendía hacerla daño real…, tan solo establecer los roles de uno y otra… ¡Como si ella no lo tuviera asumido desde la noche anterior y ahora mismo, desnuda, a cuatro patas, sin poder ver nada y con las manos esposadas a la espalda!...

Un par de fustazos más cayeron en rápida sucesión sobre los pechos de la chica antes de que escuchara cómo dejaba la fusta sobre la mesilla de noche y antes de sentir cómo se subía a la cama y se colocaba frente a ella, muy cerca, y cómo un par de fuertes manos sujetaban su cabeza, dirigiéndola…

“¡Dios, por fin voy a poder volver a comerme esa polla que me está volviendo loca desde que me folló anoche!”, pensó una enfebrecida Paula, abriendo su boca para recibir el ansiado miembro viril que tanto desea mamar.

Enseguida sintió cómo se la metía en la boca, muy profundamente, y la chica, a pesar de su precario equilibrio, hizo intento de comenzar a mover su cabeza adelante y atrás para mamársela, pero él, sujetando su cabeza con firmeza para impedírselo, se inclinó hacia delante hasta colocar su boca junto a su oído y susurrarle… “No seas impaciente, Paulita, ya tendrás tiempo de saborearla… Ahora no quiero que me hagas una mamada…, ahora lo que quiero es follarte la boca”. E incorporándose sin dejar de sujetarle la cabeza, inició un movimiento de caderas que hacía que su polla entrara y saliera de la boca de la chica, a quien le costaba sobremanera verse obligada a ser un mero receptáculo pasivo y que, en un pequeño signo de rebeldía, procuraba rozarla con su lengua al entrar y salir de su boca. ¡Dios, sentirse usada de aquella manera le estaba provocando un calentón de órdago y quería que se decidiera a metérsela de una vez por todas, sin importarle por dónde se la metiera!... Se sentía tan enardecida que, si no hubiera sido por las esposas que le mantenían inmovilizadas las manos a la espalda, ya habría estado tocándose a sí misma hasta correrse como una posesa sin que nadie hubiera podido impedírselo…

Casi como si le hubiera leído el pensamiento, y Paula casi llegó a creer que era así, el hombre le sacó su pene de la boca por última vez y ella sintió cómo se bajaba de la cama…

“Venga, preciosa, ahora quédate así, a cuatro patas, que te voy a follar como a una perra que tiene ganas de verga”, le dijo 

“¡Oh, Dios, sí, fóllame, fóllame duro, por favor!... ¡Me quiero correr, me… quiero correr!”, casi sollozó Paula, sin importarle que pudieran oírla los vecinos

o quien fuese, máxime cuando le sintió colocarse entre sus piernas y cómo su polla penetraba hondamente dentro de ella sin ninguna dificultad debido a los abundantes flujos vaginales que inundaban su excitadísimo coño. 

“¡Oooohhhhh, siiiiiiiiiiiiii, fóllame, por Dios, fóllameeeeeeeeeeeeeeee!” 

Cumpliendo lo que la chica le pedía, él le sacaba la polla y la volvía a meter por completo, y su ritmo fue acelerando cada vez que se la metía, agarrando con fuerza sus tetas mientras se la follaba… 

El sonido de sus caderas cuando chocaban con su culo casi se podía oir en toda la casa, mezclándose con los gritos de placer de la chica que eran cada vez más fuertes porque Paula ya estaba descontrolada, al borde del orgasmo. 

“Grita, Paulita, que todo el mundo te escuche y sepa cómo estás gozando mientras te follan… No te cortes, guapa…”, susurró él mientras la agarraba del pelo para controlar sus movimientos

 ”¡Dame maaaaaaaas!. ¡¡¡¡Métemela hasta el fondo, por favor, quiero sentirte dentro, aaaaaaaaah!!!!" 

Paula adoraba que la sujetara del pelo como lo hacía, sabía exactamente cómo sujetarla, le apretaba el cuello, le mordisqueaba el hombro o le daba azotes en las nalgas mientras la embestía con fuerza una y otra vez, friccionando su miembro contra sus paredes vaginales, lo que la proporcionaba una deliciosa sensación. La consiguió estimular de tal manera que Paula no tardó en llegar al orgasmo, apretando los puños y volviendo a morder la almohada para ahogar sus chillidos de placer, casi le costaba respirar y su corazón bombeaba a mil por hora, pero estaba teniendo un orgasmo brutal. 

Mientras tanto, situado entre las piernas abiertas de Paula y sujetándola por las caderas para dirigir el ritmo de la penetración, la imagen que Fer tenía ese momento de su culo le excitaba aún más y deseaba tenerlo otra vez para sí, dejarle un agujero tan abierto que no se pudiera sentar en un mes. 

La tomó por los brazos y siguió follándosela duro, fuerte y rápido, en cada embestida sentía sus nalgas chocar con su pelvis, veía su polla desaparecer dentro de su vagina y salir toda lubricada por sus jugos vaginales, lo que le

motivaba aún más a seguir follándola, darle más placer, que ella gozara al límite con la follada que le estaba dando... 

¡¡PLAS!! ¡¡PLAS!! ¡¡PLAS!! 

Instintivamente le dio tres palmadas en ese culo que le volvía loco, bastante más fuertes que las anteriores, que retumbaron en toda la habitación, haciendo que sus nalgas temblaran como un flan, y que parecieron desencadenar el clímax de Paula, que volvió a correrse gimiendo como una posesa antes de que él aflojara la sujeción de sus brazos y dejara que su cuerpo cayera suavemente sobre el colchón, donde la chica quedó desmadejada, intentando recuperar la respiración… 

Después de dejarla unos minutos para recuperarse de las intensas sensaciones que había experimentado, Fer se inclinó sobre la muchacha y la ayudó a darse la vuelta sobre la cama, quedando así tumbada sobre su espalda, con las piernas separadas y su coño brillante por los abundantes flujos vaginales que aún mojaban sus muslos.

Fer se retiró ligeramente y admiró el cuerpo desnudo que se exponía ante él… Sus grandes pechos que se desparramaban hacia los lados de su cuerpo, moviéndose al compás de su agitada respiración, el lunar de su pecho derecho que tan coquetamente mostraba en sus emisiones, y, por fin, se recreó en la excitante visión de su sexo abierto y empapado...

Finalmente no pudo reprimirse por más tiempo y, sonriendo para sí mismo, se inclinó sobre ella, enterrando su cabeza entre sus piernas abiertas hasta posar su boca en sus labios vaginales, besándoselos y lamiéndoselos hasta encontrar su clítoris hinchado y chasquear su lengua sobre el mismo, siendo recompensado al sentir cómo el cuerpo de Paula se tensaba al sentirlo mientras dejaba escapar un quedo gemido. Entonces acercó su mano a la expuesta entrepierna de Paula y, sin dejar de succionar y mordisquear su clítoris, sus dedos buscaron su culo, deslizando uno en su interior con facilidad, y pronto se le unió un segundo dedo.

Trabajando en un tándem perfecto ahora, la lengua y los dedos de Fer aumentaron constantemente su ritmo y su presión, volviendo a empujar a Paula hacia un nuevo clímax… El no era nuevo en ello, y juzgó el momento a la perfección mientras, de forma simultánea, estimulaba el punto G de la chica con

sus dedos y le mordía ligeramente el clítoris, hasta conseguir que Paula se estremeciera cuando un nuevo orgasmo explotó en su interior…

“¡Me corro, me corro, me corrooooooooooooooooooooo…!”, gimió mientras todo su cuerpo se convulsionaba presa de un intensísimo frenesí sexual y de su coño brotaban abundantes flujos vaginales que él recogió entre sus labios, saboreándola, antes de incorporarse para apreciar la maravillosa visión de la preciosa mujer que, desnuda y temblorosa, yacía sobre la cama frente a él…

“¡Gracias!”, murmuró ella, con la voz entrecortada y ronca por la excitación, “¡Eso ha sido increíble!...”

“No hay de qué, Paulita, no hay de qué… Siempre me ha gustado ver cómo te corres, ya lo sabes… Pero ahora vuelve a ser mi turno, preciosa”, le respondió él.

Tumbada de espaldas, con sus piernas muy abiertas, Paula sintió cómo sus dedos tanteaban su entrepierna, abriendo sus labios vaginales, y percibió cómo lo que supuso que sería el lush penetraba fácilmente en su encharcado coño, y supo qué iba a hacerle incluso antes de que él le levantara las piernas, colocándolas sobre sus hombros, y situara la punta de su miembro en la entrada de su culo.

“Así no… Por favor… Ponme a cuatro patas otra vez…, por favor… Sabes cómo me gusta así…, lo sabes…”

Atendiendo a la petición de la excitadísima Paula, la puso a “cuatro patas”, pero, aún con las manos esposadas a la espalda, el torso y la cabeza de Paula reposaron sobre la cama. Entonces él la obligó a abrir la boca y le metió sus propias bragas brasileñas en la boca, lo que hizo que la chica comprendiera que no pensaba ser delicado con ella en esta ocasión y que, si no lo evitaba, iba a chillar aún más que hasta el momento, y su coño se encharcó aún más de sólo pensarlo mientras él le recolocaba la punta de su miembro en la entrada de su culo… Entonces, tiró de sus brazos agarrando la cadena de las esposas, obligándola a incorporar su cuerpo sobre la cama, dejando sus grandes tetas colgando, y se la metió completamente en el culo de una brutal embestida.

Esta vez, el alarido de Paula se hubiera oído por todo el vecindario si no hubiera sido por las bragas que tenía en la boca, empapadas por su saliva, pero, antes de que pudiera procesar el dolor, un tremendo escalofrío de placer sin límites que nacía en lo más profundo de su coño recorrió todo su cuerpo… ¡El muy cabrón había conectado el lush a su máxima potencia!

La mezcla de dolor y placer fueron demasiado para la chica, que experimentó un orgasmo brutal mientras él seguía follándola el culo y el lush no dejaba vibrar dentro de su vagina. Lo único que se podía oir en la habitación era el “plaf, plaf” del golpeteo de las caderas del hombre contra las nalgas de la chica cada vez que se la metía y los sonoros jadeos de Paula que pugnaba por respirar…

“¡Dios!”, pensaba, “¡Me va a partir en dos si sigue follándome así de bestia!”

Paula, que siempre había sido muy escandalosa en sus orgasmos, sintió que se ahogaba al intentar coger aire con sus propias braguitas metidas en la boca y las escupió sobre la cama, jadeando como una perra mientras una sensación de puro placer nacía entre sus piernas e iba recorriendo todo su cuerpo hasta explotar en otro tremendo orgasmo que la hizo gritar de placer sin importarle ya quién pudiera escucharla… ¿Qué le importaba entonces que los vecinos se enteraran de que estaba siendo follada y bien follada?

Sin embargo, en esta ocasión Paula no había sido pillada tan desprevenida como la noche anterior, y se sentía capaz de “contratacar” con algunos de los “trucos” que había aprendido como webcamer, porque no sólo se trataba de sentarse delante del ordenador y encender la cam para mostrar su cuerpo desnudo, y, en aquel momento, Paula supo que para disfrutar aún más si cabía de aquella sesión de sexo salvaje debía “convertirse” en su alter ego, Mya…, dejarla que aflorara de forma natural, tomando el control de la situación y comportándose como una chica tan lujuriosa y amante del sexo como ella…

“¡No, eso no es verdad!”, pensó Paula en aquel mismo instante, “¡Yo soy “ella”, yo soy Mya, yo soy así!”. Y al asumir aquella realidad se sintió extrañamente liberada, pletórica y capaz de cualquier cosa…

Por un momento, sintiéndola dudar, él dejó de moverse por un instante y fue ella instintivamente quien tomó el control y siguió con el bamboleo de adelante y atrás, metiéndose su verga hasta el fondo de su culo, apretando los músculos de su esfínter para que la sintiera aún más cerrada ante cada embestida de su miembro. 

Por un breve instante, Fer se quedó asombrado… ¡Aquella chica estaba sorprendiéndole una y otra vez!... Ella se estaba metiendo su polla, ella le estaba follando a él, y en ese momento regresó su capacidad de macho dominante, la tomó por los cabellos y arqueando un poco su cuerpo se la volvió a follar rápido y fuerte, al mismo tiempo que su mano se dirigía a su clítoris para darle más

placer y hacer que tuviera su siguiente orgasmo, porque sabía perfectamente que Paula era clitoriana, pero él también estaba a punto de correrse, pues sus paredes vaginales le apretaban la polla más y más cada vez que la penetraba. 

”¡Dame  más,  Fer,  dame más  duro,  por  favooooooor,  que me voooooooy a correr otra veeeeeeeeeeeeez!” 

“Córrete, Paula, que para eso te estoy follando así, para que goces”. 

Al oir su nombre en sus labios, Paula experimentó un inexplicable sentimiento de…, ¿victoria?... Era a ella, a Paula, a quien él se estaba follando y quien quería que se corriese…, ¡no a Mya! 

“¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!!!!. ¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!.” 

Fer sintió el orgasmo de Paula desde lo más profundo de su cuerpo mientras sus fluidos vaginales empapaban su propia entrepierna y los sentía resbalar por la parte interna de los muslos de ella y de los suyos, y aquello lo excitó tanto que la tomó con fuerza de las caderas y empezó a moverse como un poseso dentro y fuera del culo de la chica justo antes de sentir cómo un intensísimo orgasmo crecía dentro de él, corriéndose en las entrañas de Paula, que sintió cómo los chorros de semen se perdían en el interior de su culo. 

“¡¡Siiiii, llena mi culo con tu semen caliente, córrete dentro de mí, no dejes nada fuera, todo dentro de mi culo!!”, gritó una Paula mientras él se dejaba caer sobre ella hasta que ambos quedaron tumbados sobre la cama, con él aún encima y dentro de ella…

La webcamer y su fan number one VII

 

De cómo Lucía se encuentra a Paula decidida a convertirse en realidad en la sexy Mya_27


Una actualización no programada de los sistemas informáticos en las oficinas en que trabajaba la joven Lucía hizo que, en lugar de llegar a casa a la hora de la comida, como era costumbre, entrara por la puerta a poco de las doce del mediodía del día siguiente, el 15 de febrero.

Nada más entrar en el piso que compartía con su amiga Paula le extrañó el silencio que reinaba en la vivienda… ¿Dónde andaría metida Paula?... Era raro entrar en casa y no oír su música a todo volumen…, y era tarde…, incluso para Paula… Lucia sabía que su amiga era una trasnochadora declarada y también sabía que, como webcamer erótica, la noche era su elemento natural…

¡Cuántas veces no se había despertado ella misma en medio de la noche al escuchar sus gemidos de placer mientras se corría con sus juguetes y las aportaciones de sus usuarios durante sus emisiones a altas horas de la madrugada!...

Además, Lucía sabía que Paula había tenido algo especial preparado para la noche de San Valentín… Una cita a ciegas con uno de los usuarios de su sala o algo así…

¿Se habría metido su amiga en algún lío?... ¿Se encontraría bien?

Con una leve aprensión, Lucía se acercó a la puerta de la habitación de Paula y su mano tembló ligeramente cuando agarró el picaporte… ¿Se habría metido su amiga en algún lío?... ¿Se encontraría bien?...

Abrió la puerta con sigilo y con un suspiro de alivio dejó escapar el aire que inconscientemente había contenido cuando contempló la silueta de su amiga bajo las sábanas… Paula dormía plácidamente, agarrada a la almohada, y Lucía pudo observar cómo su voluptuoso cuerpo desnudo se perfilaba bajo la fina tela mientras la chica dormía profundamente con una leve sonrisa en sus labios…

“Uuuhhmmmmm”, pensó Lucía, “la noche ha debido de ser movidita, Paulita”…

Paula se despertó al oír cómo su amiga cerraba la puerta de su habitación, aunque no fue consciente de qué la había despertado y ni se le pasó por la imaginación la posibilidad de que ya no estuviera sola en la casa, así que no

abrió los ojos…, aún no quería afrontar la realidad del nuevo día…, aún no…, todavía no..., antes quería recordar todo lo que había sucedido esa noche y repasar las sensaciones que aún podía experimentar en su cuerpo, dándose cuenta entonces de que aún estaba desnuda, intentando concentrar su mente en cada parte de su cuerpo…, en la leve opresión donde aún sentía la marca de sus ataduras, el leve escozor en su vagina…, o un dolor sordo y una sensación de vacío en su culo… y, sobre todo, Paula sabía que debía asumir las contradicciones de sus propios sentimientos… ¿Qué le había sucedido realmente esa noche?…, ¿Cómo llamar a lo que había vivido?... ¿Una violación… disfrutada…, o una sesión de sexo salvaje?... Porque lo cierto es que, a pesar de todo lo que le había hecho, a pesar de haberla atado, nunca se había sentido en peligro ni… obligada. ¡Y no podía negarse a sí misma que había disfrutado de cada instante!

Finalmente Paula se obligó a abrir los ojos y fue entonces cuando se dio verdadera cuenta de hasta dónde había llegado ella aquella noche, y se sintió ligeramente avergonzada, pero dentro de sí misma también debía reconocer que se sentía muy satisfecha… primero porque, para ser la primera vez que la follaban analmente, la “desvirgación” de su culo había sido memorable, y después por la forma como se había dado y el enorme placer que había recibido…, - ¡y que había proporcionado, estaba segura de ello! -, y en ese momento trató de rememorar los mejores detalles, sus manos, sus besos, su enorme y firme pene que la hizo disfrutar y gemir hasta mas no poder, pensamientos que provocaron que en su interior renaciera una intensa excitación sexual y que, inconscientemente, Paula dejara deslizar sus manos por su cuerpo hasta llegar a su entrepierna, comenzando a acariciarse suavemente los labios vaginales, incrementando la presión y la velocidad de sus dedos conforme su calentura iba aumentando…

…Cuando con las yemas de sus dedos empezó a torturar gradualmente su clítoris, Paula ya estaba desenfrenada. Estaba en celo…, el recuerdo del juego de sumisión de la noche pasada la estaba llevando como en una nube a cotas de excitación impensables para ella hasta ese momento… Dos dedos de una de sus manos ya se habían introducido en su interior, sintiendo la humedad que inundaba su sexo, mientras que los de la otra mano se apretaba uno de sus grandes pechos y sus dedos comenzaban a pellizcar su ya durísimo pezón, antes de bajar también esa mano hasta su inflamado y ardiente sexo, abriéndose los labios vaginales, restregando su clítoris llevándose en volandas hacia su clímax…

Paula jadeó cuando su mirada paseó por la habitación y pudo contemplarse a sí misma en el espejo…, una voluptuosa mujer desnuda con las piernas muy abiertas y sus manos perdidas entre sus partes más íntimas… una hembra en celo hambrienta de placer…

De pronto, un zumbido la sacó de su ensoñación y le cortó el “punto”…

¿Qué podía ser?... Fastidiada, pero intrigada, se incorporó en la cama, dejando vagar su mirada por la habitación hasta comprobar que provenía del lush que tenía en la mesilla, el juguete vaginal que usaba en sus sesiones de la webcam, que había comenzado a vibrar… ¿sólo?… ¿Cómo podía ser aquello? Nunca lo dejaba conectado… Cada vez más intrigada, cogió su móvil para comprobarlo y descubrió que la sesión estaba iniciada con su propio nick de Mya_27 y el control del aparato cedido a un usuario…, un usuario cuyo nick era perfectamente identificable… ¡Fergo!... ¡Cabrón!. ¡Pero no era posible!... El usuario no tenía que estar cerca para poder controlar el juguete sexual, pero…, ¿cómo demonios sabía él que ella estaba a punto de…?. ¡Oh, no, no habrás sido capaz de…!.

Su mirada vagó por la habitación hasta posarse en su propio ordenador portátil, abierto sobre su mesa… La pantalla estaba oscura, pero en el aparato destellaba la pequeña lucecita que indicaba que estaba encendido y en línea, y ella no recordaba haberlo encendido antes de los sucesos de aquella noche y mucho menos dejarlo conectado… El lush volvió a vibrar, como indicándole que no iba desencaminada, y Paula supo, sin ningún género de duda y sin necesidad de levantarse a comprobarlo, que él estaba viéndola en aquel preciso instante a través de la cam del ordenador, espiándola, lo cual hizo que su calentura volviera a crecer entre sus piernas… Ya tendría tiempo de cabrearse con él y banearle de por vida, jajajajajajajaja... ¡Ahora quería correrse otra vez!

Sin pensarlo siquiera, Paula volvió a recostarse sobre las almohadas de la cama y, lentamente, mirando directamente al puntito luminoso del portátil, cogió el lush y se lo introdujo en su ya empapadísimo coño, gimiendo ligeramente mientras sentía cómo penetraba y se introducía… Sabía perfectamente cómo le ponía escucharla proferir sus ya clásicos “uf” y “joder” cuando se excitaba… En cuanto lo tuvo metido dentro, Paula miró de nuevo hacia la cámara del portátil y casi inconscientemente, esbozó una sonrisa que sólo se podía entender como una invitación y sus dedos juguetearon con la antenita del lush que sobresalía de su sexo… “Si lo vas hacer, dale de una vez, Fer”, pensó

La “invitación” de Paula no tardó en ser aceptada y la chica sintió cómo el aparato comenzaba a vibrar en el interior de su vagina, muy suavemente al principio, sólo como un cosquilleo, pero creciendo en intensidad poco a poco…

De repente, la desprevenida Paula sintió como un latigazo en sus partes y todo su cuerpo dio un respingo sobre la cama… ¡Aquel cabrón le había dado a la máxima potencia!... Aun jadeando, Paula miró directamente a la cámara y, sin emitir palabras, sólo vocalizando, se lo llamó a la “cara”, enseñándole su dedo corazón con la mejor de sus sonrisas, sabiendo que, con lo bien que la conocía, entendería el mensaje implícito en aquel gesto tan característico suyo…

Y supo que él lo había entendido cuando el lush volvió a vibrar en el interior de su vagina, variando de intensidad, como a ella le gustaba, con vibraciones suaves alternadas con subidas de nivel, casi como si estuvieran follándosela y le metieran y sacaran una polla del coño una y otra vez, y eso la ponía a mil…

Cuando Paula se sentía ya muy cercana al orgasmo, la vibración se detuvo repentinamente, dejándola otra vez a medias, y la chica supo por instinto que su “voyeur” deseaba algo más, y estaba casi segura de qué era… Alargó la mano, abriendo el cajón de su mesilla y sacó el hush, el juguete anal que él mismo le había regalado y que sólo había usado en una ocasión durante sus emisiones, así que se incorporó en la cama y chupó sensualmente el juguete para lubricarlo, se puso a cuatro patas, con el culo enfocado hacia el ordenador, y se abrió las nalgas mostrando su cerrada abertura anal…

Meneando sensualmente sus caderas para ponerle cachondo, deslizó el hush entre sus mojados labios vaginales para lubricarlo aún más y, lentamente, para evitar que le doliera a pesar de que aún conservaba cierta dilatación, se lo introdujo poco a poco en el culo… Aun ligeramente abierto después de la sodomización, entró fácilmente y Paula sintió menos dolor del esperado cuando se lo introdujo completamente… Entonces separó las piernas para ofrecerle una visión perfecta de sus partes, con su coño y su culo penetrados por ambos juguetes sexuales, se apoyó sobre los codos y esperó que empezaran a vibrar…

Entre el cúmulo de sensaciones que estaba sintiendo, Paula no se había percatado siquiera de que Lucía, recién salida de la ducha, había entreabierto la puerta al escucharla ya despierta y que, al verla desnuda y a cuatro patas, introduciéndose el hush en el culo, no había querido sorprenderla para que no se sintiera avergonzada, pero tampoco había podido evitar sentirse excitada y había comenzado a acariciarse los pechos por encima de la camiseta…

Alguna vez, y obviamente sin que Paula lo supiera, Lucía, al ser despertada por los, en ocasiones, muy sonoros gemidos de placer de su amiga,

- la misma Paula reconocía que era muy escandalosa cuando se corría -, había sentido curiosidad primero y morbo después, y había terminado por crearse una

cuenta en Amateur para seguir alguna que otra de las emisiones de su amiga, y se había sorprendido a sí misma excitándose viéndola interactuar eróticamente con sus usuarios, adorablemente preciosa vestida con cualquier body de su abundantísimo surtido de lencería, desnudándose para ellos, tocándose y corriéndose con sus juguetes sexuales…, ¡pero aquello no era nada comparado con verla “actuar” en vivo y en directo delante mismo de sus ojos!... ¡Dios, qué caliente la estaba poniendo!... Sin embargo, no queriendo provocar una situación embarazosa si su mejor amiga la sorprendía acariciándose mientras la espiaba…, - ¡Dios, se sentía como una auténtica voyeur!... -, y a pesar del morbo que aquella situación le estaba haciendo sentir, Lucía reunió la poca fuerza de voluntad que aún le quedaba antes de perderse en el mar de sensaciones que nacía de su entrepierna y salió silenciosamente de la habitación, cerrando la puerta con sumo cuidado tras de sí

Cuando comenzaron las vibraciones simultáneamente en todas sus partes íntimas, por más que esperadas, consiguieron que todo el cuerpo de la chica se estremeciera de placer y Paula comenzó a suspirar mientras su calentura sexual se incrementaba exponencialmente hasta hacerla gemir de placer…

“¡Dios, ¿cómo me pones así de cachonda?!”, murmuró una excitadísima Paula, mientras los dos juguetes vibraban al compás en lo más profundo de su coño y de su culo, haciéndola perder la cabeza… “Tendría que estar cabreadísima contigo, porque esto no se hace, Fer, pero ahora mismo no puedoooooo…”. La chica se vio interrumpida por otra tanda de vibraciones de alto nivel de ambos aparatos al unísono dentro de ella, provocándole otra descarga de placer que casi provocó que alcanzara el intensísimo orgasmo que su cuerpo anhelaba desde hacía rato

“¡Ooooooooooooohhhhhhhhhhhh, quiero más, sí, cabrón, dame maaaaaaaaaaas!”…

En ese momento, mientras Fer, sentado en el asiento trasero de su coche aparcado frente al portal de la casa, contemplaba desde su Tablet cómo Paula se debatía de placer y le pedía incluso más, en la esquina inferior de su pantalla le apareció un mensaje privado de un usuario desconocido. Intrigado, picó el icono para leerlo.

“Me parece que Paula te está ofreciendo una invitación en toda regla”

Sin saber de quién podría tratarse, pero con una ligera sospecha, Fer respondió…

“?????”

“Eres Fergo, la verdadera cita secreta de Paula, ¿verdad?... ¿Acaso pensabas que no iba a darme cuenta de que estás usando mi bluetooth para colarte en el ordenador de Paula?, jajajajajaja”

“¿Lucía?”

“Jajajajajaja, ¿quién si no?... Dame cinco minutos para coger mis cosas… Esta vez seré yo quien te deje la puerta de casa abierta. El resto es cosa tuya, pero, una cosa…”

“????”

“La próxima vez que “escribas” un relato sobre Paula…” “¿Sí?”

“No te olvides de incluirme en él, jajajajajaja”

Y Fer no pudo reprimir una sonrisa…, mientras sus dedos tecleaban un wasap al móvil de Paula…

“Me he cansado de este juego… Podemos dejarlo o…, subir de nivel… Tú decides, Paulita. Si quieres seguir, sácate los juguetes… En la mesilla hay un antifaz y unas esposas… Póntelo sobre los ojos, espósate las manos a la espalda y espérame estilo perrito"

Y luego se puso a enviar otro mensaje…

María, mi querida perra XVIII

  Capítulo decimoséptimo  A partir de aquel día, María siguió manteniendo su relación de esclava 24/7, situación que compartía con su hija L...