| De cómo Paula quiere seguir jugando y de los peligros de jugar con… “fuego” |
“Me he cansado de este juego… Podemos dejarlo o…, subir de nivel… Sácate los juguetes… En la mesilla hay un antifaz… Póntelo sobre los ojos, espósate las manos a la espalda y espérame estilo perrito" Paula leyó el wasap y sonrió… Estaba caliente…, muuuuuy caliente, y no iba a poner pegas si él volvía para follarla…, cosa que estaba segura de que él ya sabía cuando le envió aquel wasap sabiendo que ella no se echaría para atrás… No habiendo llegado hasta allí… “¡Qué bien me conoce el cabrón!”, pensó Paula, sonriendo para sí misma Le hizo gracia lo de perrito, pero no pudo evitar que un escalofrío recorriera su espalda, así que, obedientemente, se sacó con cuidado los dos juguetes de su sexo y de su culo, sintiendo un enorme vacío en su interior de forma inmediata, se puso el antifaz, se esposó las manos a la espalda y, cuando iba a colocarse en la posición indicada, descubrió que tenía un problema... “¡Capullo!”, pensó, “¿Cómo quiere que me ponga “estilo perrito” con las manos esposadas a la espalda?” Enseguida comprendió que sólo tenía dos opciones, o inclinaba el cuerpo hacia delante todo lo posible, aguantando su propio peso y de forma que sus grandes tetas quedaran colgando, o dejaba caer el torso sobre la cama, levantando las nalgas y ofreciéndole su culo…, para lo que fuera, jejejejejeje… “¡Dios mío!”, pensó Paula, entre divertida y muy, muy excitada, “¡hasta anoche era virgen por ahí y ya estoy deseando que me vuelva a romper el culo!”. Pero decidió no dejarse caer sobre la cama y soportar el peso de su cuerpo…, por más que deseara volver a sentir otra vez la polla entrando y saliendo de su culo, era consciente por su experiencia como webcamer de que así sus grandes pechos colgaban de una manera que excitaba mucho a los hombres… Casi en el mismo momento la chica notó cómo se abría la puerta de su dormitorio, y una brisa fresca entró en la habitación, haciendo que a la excitada Paula se le erizaran los pezones…, “¡Dios, qué caliente estoy!...”, pensó. Entonces, de repente, le pareció oír dos voces cuchicheando y todo su cuerpo se tensó… Con el sentido de la vista anulado, incluso en tan poco tiempo se le había agudizado el oído, pero solo había sido un momento fugaz y Paula creyó haberse confundido…, o quiso autoconvencerse de ello para poder relajarse y disfrutar del momento… ¡Era imposible que hubiera más de una persona! Entonces oyó el inconfundible sonido de alguien quitándose la ropa y olvidó sus aprensiones… ¡Por fin! Lo siguiente que sintió fueron unas manos entre sus piernas, obligándola a separarlas aún más, para luego tantear sus labios vaginales hasta encontrar su clítoris y comenzar a estimulárselo, arrancándole el primer gemido de placer y provocando que su coño se inundara de fluidos vaginales…, pero cuando más anhelante se sintió la chica, las manos se apartaron de su cuerpo, dejándola con un sentimiento de abandono… “¿Qué va a hacerme ahora?”, pensó Paula, “¿Me hará que se la mame antes de follarme?...” Entonces, de repente, - ¡¡ZAS!! -, la desprevenida chica sintió un lacerante golpe en su nalga derecha, provocando que todo su cuerpo diera un respingo y sus carnes temblaran mientras sus tetas se balanceaban adelante y atrás… “¡Dios, el muy cabrón también sabe dónde guardo la puta fusta!”, pensó, “¿Cómo…?”… Pero sus pensamientos se vieron interrumpidos por un segundo fustazo en su otra nalga… ¡¡ZAS!! Paula se había azotado el culo con la mano o con la fusta en alguna de sus emisiones o para alguno de sus vídeos por encargo de sus seguidores, y cuando lo había hecho, lo había hecho de verdad, nada de medias tintas, hasta dejarse el culo rojo…, pero nada de aquello la había preparado para el seco golpe de los fustazos que Fer le estaba propinando, espaciando los golpes de forma que su sistema nervioso asimilara el escozor primero y el dolor después antes de aplicar el siguiente golpe… De esa forma, las expuestas nalgas de Paula recibieron casi una docena de duros fustazos antes de que la chica percibiera que su dominador cambiaba de posición, situándose a un lado de la cama… Paula no tuvo tiempo de plantearse qué intenciones tendría cuando un fuerte fustazo, aunque de menor intensidad que los anteriores, golpeara su pecho derecho, muy cerca del pezón, arrancándola un gemido de dolor…, y otro fustazo cayó sobre el otro pecho casi antes de que Paula pudiera procesar el intenso dolor que ambos golpes le habían producido… “¡Aaaayyyyyy!”. Sin embargo, a diferencia del sordo escozor que aún sentía en sus nalgas, el dolor en sus pechos desapareció pronto, y Paula comprendió que él estaba controlando la fuerza de los golpes de fusta y que no pretendía hacerla daño real…, tan solo establecer los roles de uno y otra… ¡Como si ella no lo tuviera asumido desde la noche anterior y ahora mismo, desnuda, a cuatro patas, sin poder ver nada y con las manos esposadas a la espalda!... Un par de fustazos más cayeron en rápida sucesión sobre los pechos de la chica antes de que escuchara cómo dejaba la fusta sobre la mesilla de noche y antes de sentir cómo se subía a la cama y se colocaba frente a ella, muy cerca, y cómo un par de fuertes manos sujetaban su cabeza, dirigiéndola… “¡Dios, por fin voy a poder volver a comerme esa polla que me está volviendo loca desde que me folló anoche!”, pensó una enfebrecida Paula, abriendo su boca para recibir el ansiado miembro viril que tanto desea mamar. Enseguida sintió cómo se la metía en la boca, muy profundamente, y la chica, a pesar de su precario equilibrio, hizo intento de comenzar a mover su cabeza adelante y atrás para mamársela, pero él, sujetando su cabeza con firmeza para impedírselo, se inclinó hacia delante hasta colocar su boca junto a su oído y susurrarle… “No seas impaciente, Paulita, ya tendrás tiempo de saborearla… Ahora no quiero que me hagas una mamada…, ahora lo que quiero es follarte la boca”. E incorporándose sin dejar de sujetarle la cabeza, inició un movimiento de caderas que hacía que su polla entrara y saliera de la boca de la chica, a quien le costaba sobremanera verse obligada a ser un mero receptáculo pasivo y que, en un pequeño signo de rebeldía, procuraba rozarla con su lengua al entrar y salir de su boca. ¡Dios, sentirse usada de aquella manera le estaba provocando un calentón de órdago y quería que se decidiera a metérsela de una vez por todas, sin importarle por dónde se la metiera!... Se sentía tan enardecida que, si no hubiera sido por las esposas que le mantenían inmovilizadas las manos a la espalda, ya habría estado tocándose a sí misma hasta correrse como una posesa sin que nadie hubiera podido impedírselo… Casi como si le hubiera leído el pensamiento, y Paula casi llegó a creer que era así, el hombre le sacó su pene de la boca por última vez y ella sintió cómo se bajaba de la cama… “Venga, preciosa, ahora quédate así, a cuatro patas, que te voy a follar como a una perra que tiene ganas de verga”, le dijo “¡Oh, Dios, sí, fóllame, fóllame duro, por favor!... ¡Me quiero correr, me… quiero correr!”, casi sollozó Paula, sin importarle que pudieran oírla los vecinos o quien fuese, máxime cuando le sintió colocarse entre sus piernas y cómo su polla penetraba hondamente dentro de ella sin ninguna dificultad debido a los abundantes flujos vaginales que inundaban su excitadísimo coño. “¡Oooohhhhh, siiiiiiiiiiiiii, fóllame, por Dios, fóllameeeeeeeeeeeeeeee!” Cumpliendo lo que la chica le pedía, él le sacaba la polla y la volvía a meter por completo, y su ritmo fue acelerando cada vez que se la metía, agarrando con fuerza sus tetas mientras se la follaba… El sonido de sus caderas cuando chocaban con su culo casi se podía oir en toda la casa, mezclándose con los gritos de placer de la chica que eran cada vez más fuertes porque Paula ya estaba descontrolada, al borde del orgasmo. “Grita, Paulita, que todo el mundo te escuche y sepa cómo estás gozando mientras te follan… No te cortes, guapa…”, susurró él mientras la agarraba del pelo para controlar sus movimientos ”¡Dame maaaaaaaas!. ¡¡¡¡Métemela hasta el fondo, por favor, quiero sentirte dentro, aaaaaaaaah!!!!" Paula adoraba que la sujetara del pelo como lo hacía, sabía exactamente cómo sujetarla, le apretaba el cuello, le mordisqueaba el hombro o le daba azotes en las nalgas mientras la embestía con fuerza una y otra vez, friccionando su miembro contra sus paredes vaginales, lo que la proporcionaba una deliciosa sensación. La consiguió estimular de tal manera que Paula no tardó en llegar al orgasmo, apretando los puños y volviendo a morder la almohada para ahogar sus chillidos de placer, casi le costaba respirar y su corazón bombeaba a mil por hora, pero estaba teniendo un orgasmo brutal. Mientras tanto, situado entre las piernas abiertas de Paula y sujetándola por las caderas para dirigir el ritmo de la penetración, la imagen que Fer tenía ese momento de su culo le excitaba aún más y deseaba tenerlo otra vez para sí, dejarle un agujero tan abierto que no se pudiera sentar en un mes. La tomó por los brazos y siguió follándosela duro, fuerte y rápido, en cada embestida sentía sus nalgas chocar con su pelvis, veía su polla desaparecer dentro de su vagina y salir toda lubricada por sus jugos vaginales, lo que le motivaba aún más a seguir follándola, darle más placer, que ella gozara al límite con la follada que le estaba dando... ¡¡PLAS!! ¡¡PLAS!! ¡¡PLAS!! Instintivamente le dio tres palmadas en ese culo que le volvía loco, bastante más fuertes que las anteriores, que retumbaron en toda la habitación, haciendo que sus nalgas temblaran como un flan, y que parecieron desencadenar el clímax de Paula, que volvió a correrse gimiendo como una posesa antes de que él aflojara la sujeción de sus brazos y dejara que su cuerpo cayera suavemente sobre el colchón, donde la chica quedó desmadejada, intentando recuperar la respiración… Después de dejarla unos minutos para recuperarse de las intensas sensaciones que había experimentado, Fer se inclinó sobre la muchacha y la ayudó a darse la vuelta sobre la cama, quedando así tumbada sobre su espalda, con las piernas separadas y su coño brillante por los abundantes flujos vaginales que aún mojaban sus muslos. Fer se retiró ligeramente y admiró el cuerpo desnudo que se exponía ante él… Sus grandes pechos que se desparramaban hacia los lados de su cuerpo, moviéndose al compás de su agitada respiración, el lunar de su pecho derecho que tan coquetamente mostraba en sus emisiones, y, por fin, se recreó en la excitante visión de su sexo abierto y empapado... Finalmente no pudo reprimirse por más tiempo y, sonriendo para sí mismo, se inclinó sobre ella, enterrando su cabeza entre sus piernas abiertas hasta posar su boca en sus labios vaginales, besándoselos y lamiéndoselos hasta encontrar su clítoris hinchado y chasquear su lengua sobre el mismo, siendo recompensado al sentir cómo el cuerpo de Paula se tensaba al sentirlo mientras dejaba escapar un quedo gemido. Entonces acercó su mano a la expuesta entrepierna de Paula y, sin dejar de succionar y mordisquear su clítoris, sus dedos buscaron su culo, deslizando uno en su interior con facilidad, y pronto se le unió un segundo dedo. Trabajando en un tándem perfecto ahora, la lengua y los dedos de Fer aumentaron constantemente su ritmo y su presión, volviendo a empujar a Paula hacia un nuevo clímax… El no era nuevo en ello, y juzgó el momento a la perfección mientras, de forma simultánea, estimulaba el punto G de la chica con sus dedos y le mordía ligeramente el clítoris, hasta conseguir que Paula se estremeciera cuando un nuevo orgasmo explotó en su interior… “¡Me corro, me corro, me corrooooooooooooooooooooo…!”, gimió mientras todo su cuerpo se convulsionaba presa de un intensísimo frenesí sexual y de su coño brotaban abundantes flujos vaginales que él recogió entre sus labios, saboreándola, antes de incorporarse para apreciar la maravillosa visión de la preciosa mujer que, desnuda y temblorosa, yacía sobre la cama frente a él… “¡Gracias!”, murmuró ella, con la voz entrecortada y ronca por la excitación, “¡Eso ha sido increíble!...” “No hay de qué, Paulita, no hay de qué… Siempre me ha gustado ver cómo te corres, ya lo sabes… Pero ahora vuelve a ser mi turno, preciosa”, le respondió él. Tumbada de espaldas, con sus piernas muy abiertas, Paula sintió cómo sus dedos tanteaban su entrepierna, abriendo sus labios vaginales, y percibió cómo lo que supuso que sería el lush penetraba fácilmente en su encharcado coño, y supo qué iba a hacerle incluso antes de que él le levantara las piernas, colocándolas sobre sus hombros, y situara la punta de su miembro en la entrada de su culo. “Así no… Por favor… Ponme a cuatro patas otra vez…, por favor… Sabes cómo me gusta así…, lo sabes…” Atendiendo a la petición de la excitadísima Paula, la puso a “cuatro patas”, pero, aún con las manos esposadas a la espalda, el torso y la cabeza de Paula reposaron sobre la cama. Entonces él la obligó a abrir la boca y le metió sus propias bragas brasileñas en la boca, lo que hizo que la chica comprendiera que no pensaba ser delicado con ella en esta ocasión y que, si no lo evitaba, iba a chillar aún más que hasta el momento, y su coño se encharcó aún más de sólo pensarlo mientras él le recolocaba la punta de su miembro en la entrada de su culo… Entonces, tiró de sus brazos agarrando la cadena de las esposas, obligándola a incorporar su cuerpo sobre la cama, dejando sus grandes tetas colgando, y se la metió completamente en el culo de una brutal embestida. Esta vez, el alarido de Paula se hubiera oído por todo el vecindario si no hubiera sido por las bragas que tenía en la boca, empapadas por su saliva, pero, antes de que pudiera procesar el dolor, un tremendo escalofrío de placer sin límites que nacía en lo más profundo de su coño recorrió todo su cuerpo… ¡El muy cabrón había conectado el lush a su máxima potencia! La mezcla de dolor y placer fueron demasiado para la chica, que experimentó un orgasmo brutal mientras él seguía follándola el culo y el lush no dejaba vibrar dentro de su vagina. Lo único que se podía oir en la habitación era el “plaf, plaf” del golpeteo de las caderas del hombre contra las nalgas de la chica cada vez que se la metía y los sonoros jadeos de Paula que pugnaba por respirar… “¡Dios!”, pensaba, “¡Me va a partir en dos si sigue follándome así de bestia!” Paula, que siempre había sido muy escandalosa en sus orgasmos, sintió que se ahogaba al intentar coger aire con sus propias braguitas metidas en la boca y las escupió sobre la cama, jadeando como una perra mientras una sensación de puro placer nacía entre sus piernas e iba recorriendo todo su cuerpo hasta explotar en otro tremendo orgasmo que la hizo gritar de placer sin importarle ya quién pudiera escucharla… ¿Qué le importaba entonces que los vecinos se enteraran de que estaba siendo follada y bien follada? Sin embargo, en esta ocasión Paula no había sido pillada tan desprevenida como la noche anterior, y se sentía capaz de “contratacar” con algunos de los “trucos” que había aprendido como webcamer, porque no sólo se trataba de sentarse delante del ordenador y encender la cam para mostrar su cuerpo desnudo, y, en aquel momento, Paula supo que para disfrutar aún más si cabía de aquella sesión de sexo salvaje debía “convertirse” en su alter ego, Mya…, dejarla que aflorara de forma natural, tomando el control de la situación y comportándose como una chica tan lujuriosa y amante del sexo como ella… “¡No, eso no es verdad!”, pensó Paula en aquel mismo instante, “¡Yo soy “ella”, yo soy Mya, yo soy así!”. Y al asumir aquella realidad se sintió extrañamente liberada, pletórica y capaz de cualquier cosa… Por un momento, sintiéndola dudar, él dejó de moverse por un instante y fue ella instintivamente quien tomó el control y siguió con el bamboleo de adelante y atrás, metiéndose su verga hasta el fondo de su culo, apretando los músculos de su esfínter para que la sintiera aún más cerrada ante cada embestida de su miembro. Por un breve instante, Fer se quedó asombrado… ¡Aquella chica estaba sorprendiéndole una y otra vez!... Ella se estaba metiendo su polla, ella le estaba follando a él, y en ese momento regresó su capacidad de macho dominante, la tomó por los cabellos y arqueando un poco su cuerpo se la volvió a follar rápido y fuerte, al mismo tiempo que su mano se dirigía a su clítoris para darle más placer y hacer que tuviera su siguiente orgasmo, porque sabía perfectamente que Paula era clitoriana, pero él también estaba a punto de correrse, pues sus paredes vaginales le apretaban la polla más y más cada vez que la penetraba. ”¡Dame más, Fer, dame más duro, por favooooooor, que me voooooooy a correr otra veeeeeeeeeeeeez!” “Córrete, Paula, que para eso te estoy follando así, para que goces”. Al oir su nombre en sus labios, Paula experimentó un inexplicable sentimiento de…, ¿victoria?... Era a ella, a Paula, a quien él se estaba follando y quien quería que se corriese…, ¡no a Mya! “¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!!!!. ¡¡¡¡¡¡Aaaaaaaaaaaaaah!!!!!!!.” Fer sintió el orgasmo de Paula desde lo más profundo de su cuerpo mientras sus fluidos vaginales empapaban su propia entrepierna y los sentía resbalar por la parte interna de los muslos de ella y de los suyos, y aquello lo excitó tanto que la tomó con fuerza de las caderas y empezó a moverse como un poseso dentro y fuera del culo de la chica justo antes de sentir cómo un intensísimo orgasmo crecía dentro de él, corriéndose en las entrañas de Paula, que sintió cómo los chorros de semen se perdían en el interior de su culo. “¡¡Siiiii, llena mi culo con tu semen caliente, córrete dentro de mí, no dejes nada fuera, todo dentro de mi culo!!”, gritó una Paula mientras él se dejaba caer sobre ella hasta que ambos quedaron tumbados sobre la cama, con él aún encima y dentro de ella… |
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