Capítulo quinto
Unos
días después
Después
de una larga jornada de trabajo en el despacho, Alejandro regresaba a su casa
un poco antes de la hora habitual, sabiendo que allí le esperaba una esclava
que estaría encantada de satisfacer todos sus deseos, y él, secretamente,
disfrutaba sometiéndola, viendo cómo ella se comportaba como un perrillo
faldero, feliz de satisfacer a su Amo y sin provocar situaciones desagradables
como sí le había ocurrido con otras esclavas que había adiestrado antes de que
los severos correctivos aplicados hubieran modificado definitivamente sus
conductas…
María
estaba siendo educada para esperar la llegada de su Amo recibiéndole en el hall
de entrada, desnuda y arrodillada, manteniendo la mirada baja, pero aquel día,
al llegar él antes de la hora acostumbrada, ella no se encontraba en su lugar.
Por el contrario, Alejandro pudo oír el chapoteo del agua proveniente del
cuarto de baño y supo inmediatamente que se estaba bañando, preparándose para
la llegada de su Señor.
Dado
que su adiestramiento como esclava aún se encontraba en los niveles básicos y
la plena disposición de la gorda madura a complacerle en todo momento, él aún
le había consentido que, en su ausencia, no estuviera obligada a actuar como
una sumisa, salvo en lo que atañía a las reglas más básicas, pudiendo
comportarse con relativa normalidad si no había recibido otras instrucciones
expresas, así que no le extrañó escuchar ruido de chapoteos provenientes del
cuarto de baño del dormitorio asignado a su nueva adquisición.
Se
asomó a la puerta y la vio sentada en la bañera llena de agua que le llegaba
justo hasta los pechos. Enseguida se percató de su presencia y se incorporó,
sacando su gordo cuerpo del agua con la intención de recibir a su Amo.
Él
la miró sabiendo que podía controlarla y le ordenó que se pusiera de rodillas
frente a él, dentro de la bañera. María, obedientemente, se incorporó y su Amo
se puso a escasos centímetros de ella, ahora su polla estaba tan solo a una
cuarta de su cara formando un enorme bulto en su pantalón.
Alejandro
asintió y ella, sin esperar un segundo más, desabrochó su pantalón y lo bajó
encontrándose con un bóxer que a duras penas podía tapar el pene erecto de su
Amo. Entonces ella le miró nuevamente como pidiendo autorización, y su Amo
sonrió asintiendo y ella sin esperar cogió el bóxer con sus manos y tiró de él
dejando a la vista una tremenda verga gruesa y venosa,
María
ya no lo dudó un instante y cerró sus dedos alrededor de esa pija gruesa y
venosa, con su mano solo era capaz de coger la mitad, por lo que tenía el gordo
capullo al alcance de su boca
María
levantó la vista y miró a su dueño, esperando que diese su autorización, pero
él no decía nada, mientras ella seguía pajeándole cada vez con más rapidez, su
mano subía y bajaba a lo largo de la polla y veía como el glande hinchado casi
golpeaba su boca, fruto de la desesperación y de la calentura que tenía, la
abrió y metió la verga entre sus labios
En
ese momento notó como su Señor la cogía por el pelo y empujaba su cabeza hacia
adelante al tiempo que hundía su polla en su garganta. Al instante, María se
afanó con más interés para darle la mejor mamada de su vida, no quería
defraudar a su Amo, cuando acabase de chupársela quería conseguir su
aprobación, su cabeza se movía adelante y atrás tragándose una y otra vez la
polla, de vez en cuando paraba y pasaba la lengua a lo largo del tronco hasta
los huevos y aprovechaba para mirar hacia arriba y ver la cara de su Amo,
necesitaba comprobar que estaba disfrutando…
Alejandro
de momento se limitaba a coger con fuerza la coleta de su sumisa evitando que
ella alejara la cabeza de su polla, quería que se la chupara sin parar y quería
ver cómo lo hacía, la tenía de rodillas ante él y podía ver como su rabo
desaparecía repetidamente dentro de su boca mientras su cabeza subía y bajaba
una y otra vez.
Al
poco, María, sin dejar de mamársela, sintió que su Amo iba a correrse, y
aceleró los movimientos de su cabeza, cerrando los labios en torno al miembro
viril mientras entraba y salía de su boca.
Su
Amo, cuando notó que estaba a punto de correrse, sujetó la cabeza de su esclava
con ambas manos y tiró contra su miembro hasta que la nariz de la mujer se
apretó contra su vello púbico, enterrándosela profundamente en la garganta
mientras chorros de semen brotaban de su polla y la mujer apretaba los puños,
señal de sus dificultades para respirar y tragar el semen de su Amo al mismo
tiempo, pero no hizo ademán alguno de retirarse, lo que complació a su dueño.
Cuando
el último chorro de esperma brotó de la polla y María lo tragó, su Amo le soltó
la cabeza, permitiendo que se retirara y pudiera respirar nuevamente, y, una
vez que hubo normalizado la respiración, Alejandro volvió a cogerla por el pelo
y acercó nuevamente la polla a su boca. Ella, obediente, la abrió y rodeó el
glande con sus labios succionando y pasando la lengua reiteradamente por el
capullo absorbiendo las últimas gotas que salían de la verga, limpiándosela de
todo rastro de semen.
Cuando
su Amo le soltó el pelo, ella, aun de rodillas, le miró sonriendo y esperando
su aprobación. Éste la miró y, sin mirarla, se dio la vuelta mientras se subía
los boxers y los pantalones.
María,
decepcionada, hizo ademán de salir de la bañera para seguirle, pero él le
indicó que podía seguir bañándose tranquilamente porque él aún debía atender
unos asuntos antes de requerirla.
Sin
embargo, mientras se giraba, antes de salir del cuarto de baño, le dejó muy
claro lo que esperaba de ella…
“Esta
noche voy a romperte el culo por primera vez, esclava. Ya sabes cómo has de
prepararte”… María asintió levemente, sin decir nada, y cuando su Amo salió
terminó de bañarse rápidamente para poder prepararse para su desvirgamiento
anal…
Cuando
estuvo aseada y seca, se maquilló como sabía que a su Amo le gustaba, se calzó
los zapatos de tacón negros que eran sus favoritos y se encaminó a su
habitación a fin de que su Amo la encontrara dispuesta cuando la buscase…
Una
vez allí, María se colocó a cuatro patas sobre la gran cama, llevando sólo los
zapatos negros de tacón que la hacían sentirse aún más desnuda y más puta,
inclinándose hacia delante y abriendo mucho las piernas, de forma que sus
nalgas quedaban ofrecidas y expuestas, dejando visible su sonrosado y arrugado
ano…
Cuando
su Amo entró en la habitación se acercó a ella, se colocó entre sus piernas y,
sin entretenerse en miramientos, comenzó a acariciarle el clítoris con una
mano, introduciendo un par de dedos en su encharcado coño, extendiendo luego
sus propios flujos vaginales por la entrada de su culo para lubricárselo,
entrando y saliendo de ella para dilatar su esfínter anal… Al principio, la
mujer intentaba mantener el tipo para no ofender a su Amo, pero se notaba que
aquella penetración la estaba provocando dolor porque apretaba los dientes,
arqueaba su cuerpo, como intentando escapar de aquella invasión, y contraía los
músculos anales para evitar el acceso a su entrada virgen.
Sin
embargo, las caricias en su clítoris iban surtiendo efecto y María empezó a
gemir, notando cómo los dedos invasores empezaban a dejar de molestarla…, sino
al contrario, y levantaba su prominente culo en su busca.
”¡Uuuuuuuffffff!.
Sí, Amo, por favor, así…, mmmmmmmmmmm”
“¿Quieres
que me folle tu culo virgen, puta?... Seguro que llevas toda la mañana
esperando que llegase para que te rompiera el culo, ¿a que sí?”
“¡Ooooooohhhhhhhhh,
sí, Amo! Fóllemelo, quiero sentir su polla dentro…”
“Pídemelo
como tú sabes… Dime lo que eres…”
“¡SOY
SU PUTA, SU ZORRA, SU ESCLAVA…!. ¡CLÁVEME SU POLLA EN EL CULO, AMO, POR
FAVOR!”, gritó María.
“Pídemelo
otra vez. Quiero oírlo bien”
“¡FÓLLEME
EL CULO YA, AMO, POR FAVOR, QUIERO SENTIR SU POLLA DENTRO DE MÍ! ¡¡LE SUPLICO
QUE SE FOLLE EL CULO DE SU PUTA!!”, volvió a suplicarle María, ya completamente
desbocada
“Bien,
perra, prepárate para recibir la polla de tu Señor en tu culo…”
“¡Sí,
Amo, por favor!”
Alejandro
colocó la punta de su miembro en la entrada de su culo y apretó con fuerza
hasta que el glande penetró la entrada, viendo cómo el esfínter de María cedía
y luego se cerraba alrededor…
“¡Aaarrrrrggggghhhhh!...
La noto dentro, Amo, está dentro de mí… Siga, por favor, Amo…”
“¿Quieres
que te la clave entera, puta?... Eso te va a doler… ¿Vas a aceptar ese dolor
con gratitud a tu Amo por follarte tu culo de cerda?”
“¡Síííííííííí!.
Quiero sentirla entera dentro de mí, Amo, aunque me duela…”
Alejandro
vio cómo sus manos agarraban con fuerza la almohada de la cama, preparándose, y
de un fuerte golpe de cadera enterró toda su polla por completo dentro del culo
de la mujer, que ahogó un grito de dolor contra la almohada.
“¡Aaaaaaahhhhhhhhhh!”
“Ya
la tienes toda dentro, zorra. ¿La notas?”
“Sí…,
sí, Amo. La noto dentro…, muy dentro…, sí, completamente dentro de mí…
¡oooohhhhhh! Por favor, no pare…, no pare ahora, p-por favor, Amo, ¡NO
PAREEEEEEEEEEE!”
“¿Te
está gustando que te lo folle?... ¿Quieres que te rompa el culo?”
María,
asustada por las palabras de su Amo, giró la cabeza para mirarle…
“Amo,
por favor, no… Es…”
“¿No
quieres que tu Amo te folle el culo?”, le dijo, casi sacándole su miembro del
interior del dolorido culo de la gorda, pero dejándole el glande dentro para
que no se le cerrase completamente.
“No,
Amo…, quiero decir, sí, fóllese el culo de su perra, por favor…, pero no me lo
rompa, se lo suplico…”
“A
las putas como tú hay que romperles el culo, ¿sabes?... Y tú eres una puta, ¿no
es así? ¡¡¡DILO!!!”, le dijo mientras de nuevo apretaba ligeramente su polla
hacia el interior de su ano, forzando un poco más la aún estrecha entrada…
“¡Ooooohhhhh!,
Sí, Amo, soy una puta…, soy una puta…, lo soy”, hadeó la pobre María
“¡¡NO
TE OIGO!!”, le gritó, presionando un poco más, mientras la agarraba un gran
mechón de pelo y tiraba hacia sí, obligándola a echar la cabeza dolorosamente
hacia atrás…
“¡¡SOY
UNA PUTA, AMO!!”
“¿QUÉ
MÁS? ¡¡PÍDEME QUE TE ROMPA EL CULO O PARO AHORA MISMO Y SALES DE ESTA CASA PARA
NO VOLVER NUNCA…!!”
María,
aterrada ante la perspectiva de que su Amo la repudiase como esclava, agarró
con fuerza la almohada y respondió. “¡¡SOY SU PUTA, AMO, SIEMPRE SERÉ SU PUTA,
Y SU PUTA LE SUPLICA QUE LE DESTROCE EL CULO, AMO, POR FAVOOOOOOOOR,
AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHH!!”.
No
había podido acabar la frase cuando su Amo, de un violento movimiento de
caderas, le clavó otra vez la polla completamente dentro de su culo, notando
cómo el esfínter de María se cerraba inconscientemente en torno a su polla,
intentado frenar en vano la invasión de su hasta ahora virgen culo, mientras él
le soltaba el pelo y la agarraba por las nalgas y se la empezaba a clavar muy
fuerte hasta las entrañas, haciendo que sus enormes tetas y sus gordos
michelines oscilaran adelante y atrás al ritmo de cada brutal embestida.
Al
poco, sin siquiera percatarse de ello la sometida mujer comenzó a mover sus
caderas, levantando más el culo y empujando hacia atrás para ir al encuentro de
su polla, facilitando una penetración aún más profunda. A pesar del dolor que
estaba sufriendo, el placer que estaba empezando a sentir la hacía reaccionar a
esa polla que la invadía una y otra vez con más movimientos de su gordo
trasero.
El
llevó sus manos a sus tetas, apretándoselas y estrujándoselas duramente, con
violencia, pellizcándole los pezones hasta casi juntar los dedos para así
hacerla sufrir, sentirse usada, vejada, humillada…, pero esto la excitaba más
aún, espoleando su lado sumiso recién descubierto, y María ya había perdido el
control y estaba fuera de sí, apoyándose sobre las manos para hacer más fuerza
mientras empujaba su cuerpo hacia atrás para empalarse aún más en aquella polla
y que entrase hasta el fondo en su recién desvirgado culo, que estaba
recibiendo un duro castigo, más, incluso, del que su Amo creía que podría
soportar una sumisa primeriza como ella, lo que le inducía a tratarla aún con
más violencia si cabe, aumentando su control sobre ella.
Así,
su Amo seguía dándole por el culo como si no hubiera mañana al verla tan
briosa, pero, para desesperarla, a ratos lo hacía lento, sacando su verga casi
del todo dejando solo la cabeza dentro y después metiendo solo la mitad, para
que ella le pidiera más… Estuvo así varios minutos mientras ella suplicaba como
una perra en celo y le dio duro, con todo el cuerpo, embistiéndola con su polla
como un ariete, con fortaleza, sujetándola del culo, de los hombros, o de sus
tetas a modo de riendas de yegua desbocada, alternándose con fuertes cachetadas
que caían alternativamente sobre las dos nalgas, dejándole completamente
marcadas las palmas de sus manos.
“¡SÍÍÍÍÍÍÍÍÍ,
DEME MÁS, AMO, PEGUE A SU ZORRA! ¡DEME MÁS FUERTE!”
“¿Quieres
más, esclava?”
“¡OOOOOOOOHHHHHHHHH,
SÍÍÍÍÍÍÍÍÍ”. ¡DEME MÁS FUERTE, AMO, SU ZORRA NECESITA QUE LA CASTIGUE, AMO! ¡NO
PARE, AMO, DEME MÁS FUERTE!”
Y
su Amo la complació, golpeando sus nalgas con dureza sin dejar de follarse el
inmenso culo de la entregada mujer, dejándoselas completamente enrojecidas.
“¡¡AAAARRRRRGGGGHHHHH!!...
¡Qué bueno!... Usted sí que sabe follarme como me gusta, Amo… ¡Clávemela duro…,
clávemela entera… quiero que me destroce el culo, Amo!... ¡¡SOY SU
PUTAAAAAAAAAAAAA!!”
“¡¡¡Eres
un pedazo de puta, María!... ¡Te dejarías follar por un equipo de fútbol si lo
tuvieras aquí!”
“¡¡¡¡SÍÍÍÍÍÍÍÍ,
AMO!!!!... Ahora soy su puta y me dejaría follar gustosamente por quien usted
quiera que se folle a esta vaca estúpida… ¡NO PARE, AMO, POR FAVOR, NO
PAREEEEEEEEEEE, AAAARRRRRGGGHHHHHHHH!... ¡DIOS, ME ESTÁ PARTIENDO EN DOS,
AMO!…”
“Vamos,
zorra, empálate tú misma, empuja tu culo hacia atrás para que te entre mejor mi
polla… ¡¡VAMOS!!”
María
se apoyó firmemente sobre sus manos y subió el culo más arriba, moviendo las
caderas hacía atrás hasta que sintió sus nalgas golpeando contra las caderas de
su Señor, sintiendo cómo su polla perforaba su culo completamente, una y otra
vez, una y otra vez… Entonces, su Amo la agarró de nuevo del pelo y tiró de él,
obligándola a alzar la cabeza.
“¡Mírate
en el espejo mientras te metes la polla de tu Señor por tu culo de cerda!...
¡¡MÍRATE!!”. María obedeció, contemplándose a sí misma en el espejo situado
frente a la cama.
“Dime,
¿qué ves?”
“¡A
una putaaaaaaaaaaaa…, Amo!”, jadeó
“¿Qué
más?”, prosiguió, propinándole una embestida que se la hincó tan profundamente
que sus testículos golpearon contra las nalgas de la desatada mujer.
“¡AAAAAAARRRRRRRRRGGGGGGGGHHHHHH…
una…, DIOOOOSSSS…, una puta, Amoooooooooo, a la que le están partiendo el
culoooooooooooooo!... Le… le están partiendo el cu… culo… ¡Y LE
ENCANTAAAAAAAAAAAAAAAA! Amo, por favor, ¡lo necesito! ¡Deje que me corra,
por favor, deje que me corraaaaaaaaaaaa!”
“¡Aún
no, pedazo de puta!... Yo te diré cuándo puedes correrte…”
“¡¡Amo,
por favoooooooor!!... ¡No puedo más! ¡¡Necesito correeeeeeeeerme!. ¡Se lo
suplicoooooooooooo! ¡¡AAAAAARRRRRRRRGGGGGGHHHHH!!”
Alejandro
agarró con fuerza las nalgas de su esclava y retomó el control de la enculada,
sacándole completamente la polla de su ya dilatado culo para luego volver a
metérsela hasta el fondo de una estocada, consiguiendo que María perdiera ya
completamente el control y no fuera casi capaz de hilvanar pensamientos
conscientes… Todo su mundo, toda su existencia y toda su razón de ser en su
nueva vida se centraban en aquel momento en que su Amo la permitiera correrse
por fin…
“¡¡OOOOOOHHHHHHH,
Am…, POR DI….OOOOOOOS!!... ¡Sí…, sí, por… fa…vooor! ¡¡¡AAARRRGGHHH!!!...” -
consiguió decir entre jadeos – “Si… si… sigue así me no voy a poder evitar
correrme…, A-amo” - temblaba de cuerpo entero y gemía tras cada embestida –
“Nunca… pensé… que se podía sentir tanto… tanto placer por el culo…
¡OOOOOOOOHHHHHHHHHHH!”
Entonces,
su Amo se inclinó hacia delante, sobre su cuerpo tembloroso, y mientras con una
mano le presionaba el clítoris entre sus dedos, le susurró al oído… “¡Ahora,
putita mía! ¡Tienes mi permiso! ¡Ya puedes correrte!”
Para
María fue como si, en ese preciso instante, alguien hubiera encendido el
interruptor de su frenesí sexual, y comenzó a correrse como una loca, en un
interminable orgasmo, gritando de placer y expulsando una gran cantidad de
flujos por su vagina en un impresionante squirt que empapó la mano de su Señor
y las sábanas bajo ella.
Sus
piernas no la sostenían, pero su Amo seguía penetrándola sin soltar sus caderas
y María encadenaba un orgasmo tras otro, apretándose los pechos entre las manos
y pellizcándose los pezones, tirando de ellos hacia arriba.
Finalmente,
sintiendo por fin cómo su Amo se corría en su culo, llenándola con su semen,
María alcanzó el paroxismo en un último e interminable orgasmo que casi le hizo
perder el sentido, dejándose caer sobre la cama, sin fuerzas, exhalando un
último grito de placer…
“¡¡¡¡AAAAAAAAAAARRRRRRRRRRRGGGGGGGGHHHHHHHHHH!!!!”,
gritó María, desesperada y con su cara irreconocible debido a su ahora rictus
orgásmico por todo lo que estaba sintiendo mientras dejaba escapar un largo
gruñido gutural, poniendo los ojos en blanco y arqueando la espalda mientras un
orgasmo ciclópeo recorría su voluminoso cuerpo.
María,
como, sorprendentemente, todas las mujeres gordas, era una mujer extremadamente
dispuesta para el sexo y que se entregaba por entero a sus sensaciones y
deseos…, quizás por eso se había entregado a su Amo con tanta vehemencia y
sumisión, y eso hacía que experimentara sus sensaciones sexuales casi sin
límites… En aquel momento, con el cuerpo desmadejado y la mente aún intentando
procesar el placer que había recibido al perder su virginidad anal a manos de
su Señor, ni siquiera se percató de cómo le sacaba la polla de su muy dilatado
ano con un sonoro “plop”, ni de cómo le separaba las nalgas para introducirle
un plug anal lo suficientemente grueso como para impedir que su semen rebosara
por su abierto agujero, manteniéndolo así en su interior mientras sus muy
abundantes flujos vaginales resbalaban por sus muslos, empapando la cama bajo
su cuerpo.
Alejandro
se incorporó y le acarició la cabeza como haría premiando a una perra
obediente, diciéndole: “Bien hecho, puta, te has portado bien. Descansa un poco
y luego date un baño. Tienes que prepararte para esta noche”.
María,
en medio de su obnubilamiento, sonrió para sí sin siquiera abrir los ojos,
sintiendo cómo una multitud de sentimientos y sensaciones se arremolinaban en
su mente, sintiéndose como una puta feliz, usada y saciada…, estaba totalmente
agotada, sudada, despeinada, tremendamente agitada…, pero satisfecha, lidiando
aún por controlar el ataque de espasmos por su último y bestial orgasmo, se
sentía totalmente sucia pero no se arrepentía, y suspiró profundamente con un
único pensamiento en su cabeza.
No hay comentarios:
Publicar un comentario